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Victoria Fuentes

El Hyperloop que soñó Elon Musk cuesta más de lo que pensaba

Vivir en el interior de un bosque y poder ir a trabajar a la ciudad en 10 minutos. Esto es lo que pretende el Hyperloop: desdibujar las barreras que nos impiden desplazarnos a gran velocidad a diario. Una nueva forma de transporte que, según sus creadores, podrá ser desarrollada en los próximos años, ya que aseguran que «cuentan con todo lo necesario para lograrlo».

Faltaba una incógnita por desvelar en el transporte a gran velocidad metido dentro de un tubo de vacío: el coste que conllevaría hacerlo realidad. Cuando Elon Musk concibió este tipo de transporte, estimó que la ruta que cubre la Bahía de San Francisco y Los Ángeles tendría un coste aproximado de 6.000 millones de dólares, o el equivalente a 11,5 millones por milla.

Sin embargo unos documentos filtrados por la revista Forbes muestran que el Hyperloop One, una de las dos compañías que tratan de hacer la idea de Musk una realidad, costaría entre 9.000 millones y 13.000 millones en un hipotético proyecto de 107 millas. Una gran diferencia entre lo que habían estimado y el coste real si tenemos en cuenta que la ruta que cubre San Francisco-California tiene un total de 382 millas (615 km).

La ruta que ha anunciado recientemente la compañía entre Dubái y Abu Dabi y que estimaban que supondría unos 50 millones, costaría 4.800 millones en realidad. Este proyecto incluye tubos submarinos, lo que aumenta aún más el presupuesto. Lo cierto es que es difícil calcular el coste de construir un nuevo medio de transporte desde cero.

Hyperloop One tiene un reto mayor que la viabilidad por delante ya que tendrá que pagar o comprar las propiedades que estén en el camino entre las dos ciudades. Además,la lenta burocracia choca con los propósitos de la compañía ya que pretenden que los viajes de Hyperlooppara carga lleguen en tan solo tres años y para transportar viajeros en 2021.

Todas estas incógnitas no han sido planteadas por primera vez por contemporáneos. En el MIT Techonology Review, un investigador de transporte plasmó en 1975 su incertidumbre ante si un sistema de transporte terrestre metido dentro de un tubo de vacío merecería la pena. El artículo «Conceptos de suspensión para el transporte terrestre de alta velocidad» fue escrito por Timothy M. Barrows, del Departamento de Transporte de Estados Unidos.

Desentraña así sus inquietudes ante los detalles técnicos de este futurista sistema de transporte: «Muchos problemas del ferrocarril nacen de las altas concentraciones de fuerza que se producen en el punto de contacto con la vía. El aerotren evita esto al distribuir la fuerza de suspensión por una amplia área de superficie. El aire presurizado es introducido en una región de colchón de aire, de la que se escapa por una pequeña rendija entre el borde del colchón y el carril-guía».

Precisamente una de las dudas que surgían a Barrows era la viabilidad económica. Confiaba en la posibilidad de que estos sistemas de suspensión fueran realmente viables, sin embargo su principal pregunta puede ser ahora respondida por el fundador de Tesla: el coste de implantar el Hyperloop es muy, muy elevado.

Fuentes: MIT Technology Review, Recode

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