La comunicación vehículo a vehículo podría ser sinónimo de un tipo de tecnología que haga que la conducción sea más segura, menos contaminante y menos antagónica. Coches conectados a Internet podrían alertar a los conductores y a los ordenadores de a bordo sobre lo que sucede en la carretera y lo que puede estar a punto de suceder.

El pasado mes de junio, funcionarios del Departamento de Transporte de EE.UU. en Washington, DC, pudieron ver la tecnología en acción, en un experimento con 2.800 vehículos, muchos de ellos pertenecientes a conductores corrientes que se han ofrecido a participar. Se pusieron en marcha en Ann Arbor, Michigan (EE.UU.), durante los últimos diez meses.

Cada vehículo en el proyecto, que incluye 60 camiones, 85 autobuses de tránsito y algunas motocicletas y bicicletas, está equipado con un transmisor y un receptor capaz de enviar y recibir señales a una distancia de 300 metros. El equipo utiliza una versión de wifi especializada que opera en una frecuencia de radio específica y ha sido diseñada para realizar comunicaciones en vehículos en marcha.

Vehiculos inteligentes

Lo que hace este aparato es registrar datos para determinar la eficacia con que se transmite la información entre los vehículos. Sin embargo, algunos participantes también reciben alertas en el salpicadero, y es así como podría llegar a funcionar la tecnología. Estos participantes ven una advertencia si, por ejemplo, otro conductor varios coches por delante (y fuera de la vista) frena de repente, o si su ordenador de a bordo percibe otro coche que se aproxime a una intersección más adelante a una velocidad que pudiera causar una colisión.

Una consecuencia importante a la hora de implementar la tecnología de vehículo a vehículo es sin duda las estadísticas de accidentes. Un análisis realizado por el Departamento de Transporte indica que el 80 por ciento de los accidentes de tráfico relacionados con “conductores no disminuidos” podría verse afectado por la tecnología. Para los investigadores está muy claro: si los coches pudieran hablar unos con otros, ayudaría a evitar colisiones.

Por otro lado, la tecnología también podría ayudar con la congestión del tráfico, lo que tendría un efecto reductor en las emisiones de los vehículos. Y podría conectarse con las tecnologías de conducción automatizadas que actualmente están siendo desarrolladas por la mayoría de los fabricantes de automóviles más importantes y popularizadas por los Prius sin conductor de Google. De hecho, conseguiría abaratar en gran medida que los vehículos semiautónomos detecten su entorno, en comparación con el costoso equipo de telemetría por láser que se utiliza hoy día en los coches de Google.

Pero esta tecnología se encuentra en una especie de encrucijada. El problema es que aún no está nada claro que el Gobierno estadounidense vaya a apoyar la tecnología, ya que se señala que el mayor problema es la fuente de la futura financiación. En este sentido, un factor que complica la situación es que las redes móviles, cada vez más rápidas, podrían ser consideradas como una forma más barata y fácil de introducir parte de la misma tecnología.

Hacia finales de año, el Departamento de Transporte decidirá si hace obligatorio que los coches del futuro incluyan algún tipo de tecnología de comunicación de vehículo a vehículo o si le deja esta decisión al mercado. Se espera que el proyecto de Ann Arbor tenga un coste total de 25 millones de dólares (19,2 millones de euros), y un 80 por ciento de la financiación procede del Departamento de Transporte.

Sea cual sea la reacción al estudio de Ann Arbor en Washington, parece probable que los conductores estén interesados en que la tecnología se añada a los coches. Maddox asegura que la respuesta de los participantes ha sido contundente: “No hemos hecho una encuesta final, pero la gente ve la tecnología de forma muy positiva. Algunas personas no quieren que se lo quitemos del coche”. Un estudio publicado en marzo de este año por ABI Research concluyó que poco más del 60 por ciento de los automóviles nuevos contaría con la tecnología para 2027.

Fuente: MIT Technology Review

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