Sólo un 2% de las empresas españolas apostará por el vehículo eléctrico antes de 2014, mientras que el año pasado el 21% tenía intención de hacerlo, según revela el Barómetro del Vehículo de Empresa (CVO) promovido por Arval.

El estudio, realizado entre más de 4.500 gestores de flotas de pymes y grandes empresas en quince países, pone de manifiesto que este desengaño no es exclusivo de España, sino que se extiende por toda Europa. Los datos europeos revelan que cifras casi idénticas a las españolas (un 4% en 2011 y un 21% en 2010).

Este desencanto viene motivado por las limitaciones de uso que encuentran las empresas españolas en estos vehículos. Acusan la falta de una oferta lo suficientemente versátil como para ajustarse a las necesidades de la compañía (34%). De hecho, a día de hoy la oferta de modelos es escasa y si nos atenemos a su tamaño y autonomía, están más orientados a facilitar los desplazamientos urbanos que a servir como herramienta de trabajo.

Aunque la mitad de las empresas identifica áreas de actividad donde sería factible el uso de un eléctrico, más de un tercio descarta esta posibilidad por el reducido alcance de las baterías (34%), afirmando que si su autonomía fuera superior a los 300 kilómetros valoraría su incorporación a la flota.

En España, además, casi dos de cada diez tienen la sensación de que no existe una red de talleres suficiente como para garantizar un mantenimiento o reparación eficaz en cualquier punto geográfico del territorio.

Ni siquiera las ayudas públicas para comprar coches eléctricos han servido para hacerlos más atractivos para las compañías españolas. A pesar de las medidas del Ministerio de Industria para incentivar las ventas, la introducción de los vehículos eléctricos en el parque español no está viniendo, como se esperaba, de la mano de flotas numerosas como las de las grandes empresas o las Administraciones Públicas.

En este sentido, las matriculaciones de coches eléctricos sumaron sólo 82 unidades en el primer trimestre, que unidas a las 400 del año 2010 dan como resultado una cifra muy lejana a los objetivos planteados por el Gobierno, que prevé alcanzar un parque de 20.000 vehículos de este tipo a cierre de 2011.

Los vehículos híbridos tampoco convencen. Han sufrido en el último año una estrepitosa caída del 47% en intención de uso por parte de las empresas. En este contexto, los vehículos de bajo consumo siguen ganando terreno como la opción de movilidad más demandada por las empresas y más realista para garantizar trayectos eficientes. Así, ocho de cada diez compañías españolas y más de siete de cada diez europeas incorporará a sus flotas coches de este tipo antes de 2014, mientras que el año pasado éstas apenas llegaban a la mitad (46%) en España, frente al 58% en Europa.

Esta intención de invertir de nuevo en coches después de que la falta de financiación obligara a prolongar la vida de los vehículos corporativos como medida de ahorro explica que las empresas prevean un crecimiento de las flotas cercano al 15% en los próximos tres años.

Además, estiman que la presión sobre los costes de la flota crecerá en torno al 12% en 2011, lo que pone de manifiesto que las empresas están comenzando desde ya a dedicar una parte de la partida presupuestaria a la renovación de sus coches de empresa.

Finalmente, el estudio de CVO pone de manifiesto que detrás de esta lenta carrera hacia el vehículo eléctrico subyace el escaso interés de las empresas españolas por reducir el impacto medioambiental de sus flotas. Tanto es así que el 78% de las compañías reconoce no contar con iniciativas para reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera. Además, el 80% de las compañías afirma no haber modificado hasta la fecha su política de coches para cumplir con las normativas europeas de contaminación.

Vía: Arval

NO HAY COMENTARIOS

Deja una respuesta