No se ven, no se huelen y no se tocan. Pero las partículas PM 2,5 están en el aire que respiramos en las ciudades españolas y son muy dañinas, incluso más de lo que se pensaba hasta ahora.

Un estudio recién publicado relaciona los niveles altos de contaminación por estas diminutas partículas en suspensión (llamadas PM2,5 porque miden menos de 2,5 micras de diámetro) que generan los motores diésel con la mortalidad por enfermedades del sistema circulatorio.

Los autores, de cuatro hospitales españoles, demuestran mediante un análisis estadístico que se producen más muertes por infartos, cardiopatías isquémicas e ictus cuando la contaminación es más alta. Y su conclusión es clara: reducir los niveles de PM 2,5 en la capital es “una necesidad acuciante”.

Las partículas de menos de 2,5 micras tienen, a diferencia de las más grandes (las PM10), las producen los tubos de escape de los vehículos que circulan a diario por la capital. En concreto, los motores diésel, que emiten hasta seis veces más partículas que los de gasolina. Muchas ciudades ni siquiera miden las concentraciones de PM2,5.

Por eso apenas hay trabajos que las relacionen con sus efectos sobre la salud. Este, publicado en la revista bimensual Science of the Total Environment en noviembre, es el primero que estudia cómo afecta la contaminación por estas partículas a la mortalidad a corto plazo por enfermedades circulatorias en una ciudad española.

Los autores tomaron los datos de contaminación de la red de 27 estaciones de medición del Ayuntamiento de Madrid. Para el mismo periodo contabilizaron las muertes diarias por causas circulatorias (20.445). Además de la causa general, observaron tres específicas: infarto agudo de miocardio, otras cardiopatías isquémicas y enfermedades cerebrovasculares.

Lo que encontraron fue una “relación lineal positiva”, es decir, a más contaminación, más muertes a corto plazo. Los gráficos muestran que el umbral a partir del cual la mortalidad se dispara es de 25 microgramos por m3, justo la concentración máxima diaria de PM2,5 que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no superar.

Los datos de contaminación que recoge el estudio muestran un mínimo diario de cinco microgramos y un máximo de 71, con una media de 19,16. “Lo que indica que en la ciudad de Madrid casi dobló la media anual recomendada por la OMS (10 microgramos/m3 )”, aseguran los autores.

Las partículas en suspensión tan pequeñas tienen gran capacidad de penetración en las vías respiratorias. La Sociedad Española de Cardiología (SEC) ha alertado de los perjuicios que ocasiona la contaminación en la salud cardiovascular. La inhalación de gases contaminantes “favorece la coagulabilidad de la sangre, lo que aumenta el riesgo de padecer accidentes coronarios como el infarto de miocardio. De hecho,  un estudio desarrollado en el Centro de Investigación de Epidemiología Ambiental de Barcelona concluyó que las personas que habitan en lugares próximos a una carretera muy transitada “sufren un deterioro de las arterias el doble de rápido de las que viven en zonas menos contaminadas”, según la SEC.

El estudio también realiza un análisis estadístico para determinar en qué momento el aumento de la contaminación se refleja en la mortalidad. Para todas las enfermedades circulatorias detecta picos en el segundo y el sexto día tras un episodio de contaminación alta.

Y lo que nos interesa de verdad a los que nos encargamos de los coches: El estudio ataca a la directiva europea de calidad del aire. Los máximos que permite “son simplemente inaceptables desde el punto de vista de la salud pública”, asegura. No se pueden reducir a cero las concentraciones de PM2,5 ni en Madrid ni en otra gran ciudad, pero “es necesario hacer un esfuerzo decidido para reducir esos niveles en aras de la salud”.

¿Quizás para la salud de las personas los esfuerzos de las directivas contaminación no deberían estar tan centrados en el CO2, un gas que, en difinitiva, también producen animales y plantas?

Vía: El País

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