Hace ya algún tiempo vimos en El Mundo Today una de sus estrambóticas noticias: “Un grupo de mimos sustituye a las señales de tráfico en Lugo”. Pensamos que la cosa no iría más allá de las risas habituales con las publicaciones de este medio, pero parece que, esta vez, han sido proféticos.

No es en Lugo, sino en Venezuela, donde unos 120 mimos, vestidos de payaso y guantes blancos, han sido contratados para agilizar el tráfico de las calles de Sucre, al este de la capital Caracas. Su labor no es entorpecer el tráfico como muchos de los clowns y malabaristas que copan los semáforos en España, sino agilizarlo. También señalan las infracciones de los conductores imprudentes con gestos.

Según cuenta Televisa, las autoridades ya no sabían qué hacer con el tráfico en ese municipio de la capital venezolana. Los motoristas circulaban por las aceras, los buses se paraban para cargar y apear viajeros en cualquier lugar en medio de la calle y cruzar un semáforo un deporte de riesgo.

La de los mimos no es una idea nueva. Carlos Ocariz, alcalde de Sucre, unos de los cinco municipios de Caracas, copió la idea de Antanas Mockus, ex alcalde de Bogotá (Colombia), que combinó la labor de los mimos con una acción policial más estricta en un programa que se consideró un éxito.

Antanas (candidato a las pasadas elecciones colombianas) consiguió con 500 mimos apaciguar el tráfico de Bogotá, considerada a mediados de los noventa como una de las urbes más peligrosas y caóticas de toda Latinoamérica. Los mimos señalaban con el dedo de su guante a todos aquellos cuya conducta vial se apartara del código de la buena conducta vial: Si alguien cruzaba por fuera de un paso de cebra, inmediatamente era perseguido por un mimo.

El programa fue todo un éxito y resultó mucho más económico y efectivo que intentos anteriores de hacer cumplir las leyes viales anteriores, que habían fracasado durante muchas generaciones.

“Esto no es una tarea fácil porque algunas personas se molestan cuando si se les regaña“, comenta Neidy Suárez, una mimo de 18 años. “La mayoría de la gente están colaborando, pero los malos hábitos usualmente son difíciles de abandonar y muchos conductores simplemente no cambian sus conductas”.

Después de hacer estas declaraciones a Televisa, Suárez llevó las manos hacia adelante en señal de “pare” cuando un motociclista, pese a que el semáforo estaba en rojo, se dirigía velozmente a un cruce de peatones repleto.

Sólo el tiempo dirá si este experimento acaba con los malos hábitos de conducción venezolanos. Allí no es extraño ver a los conductores marcha atrás por pasarse la salida de la autopista, o motos en sentido contrario en calles de un único sentido… A los mimos no les faltará trabajo.

Vía: El Universal

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