En la actualidad estamos acostumbrados a carrocerías bitono y a colores llamativos en las paletas de la mayoría de modelos. Pero en la década de los 90 era más difícil acceder a ese nivel de personalización y diferenciación. Ante esta situación Volkswagen decidió hacer algo especial, un coche que siendo corriente se convirtiera en el objetivo de todas las miradas. Se llamó Volkswagen Polo Arlequín y, echando la vista atrás, parece que cumplió con su objetivo.

La tercera generación del Polo acababa de ser lanzada y contaba con una novedad: incorporaba por primera vez la carrocería de cinco puertas. En esos años los utilitarios solían tener únicamente la carrocería de tres puertas, a diferencia de la tendencia actual que las ha ido eliminando. Para promocionar este tipo de carrocería en 1995 se lanzó la edición especial Arlequín o Harlequin (en otros países), con un colorido inaudito hasta el momento.

El Polo Arlequín hacía honor a ese personaje de la comedia clásica vistiéndose con cuatro llamativos colores que se repartían entre los paneles de su carrocería de cuatro maneras distintas. Los tonos eran Rojo Flash, Amarillo Ginster, Azul Chagall y Verde Pistacho. En función de la versión que eligiera el cliente, los colores se alternaban de una forma concreta y simétrica. El color original del coche se puede identificar en el techo y en el pilar C.

Además del colorido, esta edición especial del Polo podía distinguirse por otros detalles como los intermitentes blancos o los pilotos traseros oscurecidos. Las llantas eran unas Indianápolis de 14 pulgadas y las molduras laterales y los tiradores de las puertas eran los únicos elementos que carecían de color. De esta guisa, se convirtió rápidamente en una especie de icono que giraba cabezas a su paso fuera por donde fuese.

Pero el Volkswagen Polo Arlequín no era solo un coche llamativo, también era un modelo bastante bien equipado. En el interior se podía ver un volante forrado de cuero azul, asientos deportivos, una tapicería específica de la edición, retrovisores calefactables, reposacabezas traseros o airbag de conductor y acompañante. Opcionalmente se podían montar elementos como el ABS, los faros antiniebla o el techo solar.

Se estimó una producción de 1.000 unidades para el llamativo utilitario. Sin embargo, ante la buena acogida que tuvo, se terminaron haciendo 3.800 ejemplares. Actualmente todavía hay algunas unidades en buen estado y están muy cotizados. Al año siguiente quisieron repetir la jugada con el lanzamiento del Volkswagen Golf Arlequín en Estados Unidos y México. Solo se hicieron 275 unidades del compacto de tercera generación, por lo que está considerado todo una rareza.

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