La revolución de los motores verdes no se contenta con conquistar los coches. También quiere abordar, de manera lógica, a los vehículos menos eficientes que hay sobre la carretera: los camiones de la basura. La start-up Wrightspeed y Nikola Motor Company se están preparando para dar el paso hacia los vehículos pesados respetuosos con el medio ambiente. Nikola ya ha lanzado su prototipo de camión eléctrico, de 36.000 kilos de carga, con una autonomía de 1.900 kilómetros y tan sólo 15 minutos de carga para recorrer otros 1.000.

Ahora le toca a los malolientes y ruidosos camiones de basura alimentados con diésel, que nunca cubren las portadas de ninguna revista del motor. Lógico, consumen unos 4 litros de combustible cada 5 kilómetros y serían capaces de despertar a un koala en coma. Su inventor, George Roby Dempster, creó en 1935 el Dempster-Dumpster, muy alejado de los modernos pero fuente de inspiración durante décadas.

Por ello, el fundador de Wrightspeed y cofundador de Tesla, Ian Wright, cree que en cinco años sólo existirán camiones de basura eléctricos que combinen una batería con una turbina interna de gas natural. Y lo ha materializado en este vídeo cuyo protagonista es un camión eléctrico haciendo trompos por el desierto con música sacada de Misión Imposible. Nos preguntamos cómo saldría eso por un barrio congestionado y con el camión cargado de basura.

El problema de estos camiones es que cuestan unos 135.000 euros, y parece complicado que las administraciones se quieran hacer con una flota, aunque los tradicionales ya rondan ese precio. Pero tiene incontables ventajas: poder recorrer largas distancias y recoger por ende grandes cantidades de basura, de manera silenciosa y limpia. Imaginaos no enteraros de si ha pasado el camión de la basura o no. Sería el fin de los desvelamientos a las tantas de la mañana.

En este vídeo, Wright explica el funcionamiento del motor de este camión de basuras revolucionario, que cree que cambiará el mundo para bien. Y es que uno de sus camiones de basura, según Wright, puede reducir las emisiones de óxidos de nitrógeno en un 95%, las de partículas en un 78% y las de CO2 en un 58%.

Vía: Mit Technology Review, Wrigthspeed
Imagen principal: Lego

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