Google ya desveló en mayo su prototipo de coche eléctrico autónomo, pero desde entonces lo ha ido mejorando para poder utilizarlos en el mundo real. Así, han incorporado elementos que faltaban en el original, (que puedes ver en la imagen que encabeza este artículo), como faros que se puedan encender. También, para cumplir con las leyes de California controles manuales. Dispone de volante y pedales para acelerar y frenar en caso de emergencia, mientras que el original contaba únicamente con un botón para encenderlo y apagarlo, el nuevo

El coche, apto para dos pasajeros, alcanza 40 km/h y tiene una autonomía de unos 160 kilómetros. Para poder circular sin conductor, el coche de Google, además de GPS, cuent con un radar y un sistema de láseres para generar un mapa en tres dimensiones de los alrededores del vehículo. De este modo puede ver en todas las direcciones y, en ocasiones, hasta detrás de otros objetos, reaccionando de forma adecuada a lo que sea capaz de detectar. El dibujante Matthew Inman, por ejemplo, escribió tras un viaje con él que el vehículo se paró tras detectar a un ciclista que circulaba detrás de unos arbustos y que Inman fue incapaz de ver, pero el coche sí.

El vehículo aún tiene problemas para funcionar correctamente con lluvia o nieve, así como para reaccionar ante escenarios complejos como zonas con obras o intersecciones complicadas (ver limitaciones del coche autónomo de Google). Por seguridad y, para facilitar su adopción, peca de cauto más que de temerario. Pero Google espera que cuando ponga en las calles 200 de estos vehículos los datos que recojan les permitan mejorar en todos estos aspectos, dado que cada coche de Google aprende gracias a las experiencias de todos ellos.

El prototipo original de coche autónomo de Google
El prototipo original de coche autónomo de Google

La empresa californiana espera que la tecnología esté lista en 2020 para ser instalada en vehículos tradicionales de otros fabricantes. La principal amenaza que tiene frente a sí es quizá más regulatoria que tecnológica. No está claro, por ejemplo, quién sería responsable civil o incluso penal en caso de accidente. ¿El conductor que no está conduciendo? ¿La marca del coche? ¿El creador del software de conducción autónomo?

En cualquier caso, cabe esperar que, a largo plazo, los seguros de este tipo de vehículos salgan mucho, pero que mucho más baratos. Y es que los coches autónomos no beben, no se duermen ni se distraen al volante. Eso sí, los trabajadores del volante encontrarán bastante amenazador para su sustento la popularización de estos vehículos. Si los taxistas temían a Google, que presten atención a lo que puede llegar a medio plazo… no hay más que ver las patentes del gigante californiano para el futuro.

Fuente: Google

 

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