Construir una ciudad desde cero en medio de la inmensidad de la selva amazónica de Brasil es una idea descabellada que muy pocos pensarían llevar a la práctica. Hay que estar bastante convencido, contar con buenas estadísticas o al menos con suficiente dinero contante y sonante como para no pensar que es una de las peores ideas que se te han ocurrido en la vida. Quizás era necesario que pasara a la historia para recordar los límites de la ambición humana.

El caso es que para Henry Ford, quien nunca llegó a visitar el increíble proyecto, el plan parecía perfecto. Por eso, en 1927, comenzó a construir la plantación de caucho más grande del mundo junto a la que proyectaba desarrollar todo un centro neurálgico de producción donde las materias primas redujeran los costes de dependencias externas. De esta forma, el visionario eliminaba intermediarios como Holanda o Gran Bretaña, países líderes en el sector de obtención de caucho por aquel entonces. Lástima que no contara con dos factores determinantes que acabarían con su proyecto progresivamente.

Las plantaciones de caucho se encontraban sobre todo en latinoamérica debido a las condiciones meteorológicas que facilitaban el crecimiento de euforbiáceas, plantas productoras de caucho. Con la savia de estos árboles, se obtiene el látex, material para la producción de neumáticos, llantas, artículos impermeables y aislantes. Era de esperar, por tanto, que el establecimiento de la ciudad Ford fuese en Sudamérica. De esta manera, el empresario estadounidense destinó 2 millones de dólares para comenzar a conquistar 25.000 kilómetros cuadrados de bosque amazónico en Brasil. Concretamente, a orillas del río Tapajós, afluente del Amazonas, en mitad de la selva.

extracción del caucho

El gobierno del país, con un módico 8% de la comisión en la producción, expidió licencias a todo trapo para que la orquestación de Fordlandia se llevase a cabo lo antes posible. Sin embargo, la Amazonia salvaje no se lo pondría tan fácil al hombre que subió el suelo a sus empleados como reclamo de personal cualificado de otras compañías.

Como sabemos desde el inicio de esta fatídica historia, el empresario no las tenía todas consigo. La inmensa selva cedió el primer asalto, permitió a los nuevos colonizadores comenzar a construir su asentamiento donde trabajarían 50.000 trabajadores (50% locales) y se contase con una plantación de un millón de árboles productores de caucho. La ciudad construcción de la ciudad Fordlandia se realizó sin problemas de gran envergadura. Pronto contaba con tiendas, hospitales, campo de golf, hostales y coches de la marca circulando paciíicamente por las calles de la urbe.

Los problemas comenzaron principalmente con la mano de obra foránea, la cual no terminaba de hacerse a la húmedad, los bichos sanguinarios de tamaño desproporcionado para ser insectos, el choque cultural y la ausencia de féminas en un país extraño.

Por mucho que la política de Ford buscase el bienestar de sus trabajadores, tal vez demasiado a la occidental para un clima tropical —con horarios de 9 a 17 bajo el ardiente sol del trópico y el establecimiento de la ley seca— , que se esforzase en construir cómodas casas al estilo americano para sus compatriotas —que funcionaban maravillosamente como efecto invernadero— , por mucho baile que pudieran hacer y motivar, los trabajadores no parecían valorarlo tanto como el jefe pensaba.

Pese a que comían hamburguesa todos los días, el malestar de los trabajadores estadounidenses no tardó en aflorar y aumentar a medida que pasaban los días. Cuidado Frod, llega una revuelta y los capataces serán atacados con machetes.

Fordlandia

Lamentablemente, no fue el peor ni el único frente con el que tendría que lidiar el empresario, también luchaba contra la naturaleza en estado puro. El ingeniero James Wallace llegó a estar desaparecido por dos días hasta que encontraron su cuerpo dentro de una enorme pitón. Además, cada vez que sacaban hectáreas de la selva, perdían otras tantas fagocitadas por la vegetación que se tragaba farolas, calles y todo lo que encontraba a su paso. Desandar lo andado para volver a empezar nunca es agradable y menos aún si con eso estás perdiendo dinero.

Pequeños problemas a parte, el peor varapalo estaba por llegar en forma de siete plagas consecutivas donde los futuros árboles productores de caucho caían como moscas. Con todos estos problemas, cualquier se habría dado por vencido y habría ordenado retirada a discreción, pero no Henry. El directivo ordenó cambiar la factoría de Santarem a 80 millas de distancia, en Belterra donde, sin sorpresa alguna, fracasó de nuevo.

El nuevo complejo se establecería en 1933 con menos ostentación. Destinado para una población de 7.000 personas, contaría con un pequeño hospital, sastres, panaderías, campo de golf y piscinas. Fordlandia se había malogrado por completo sin llegar a producir ningún beneficio al mandatario capitalista. En su lugar, el segundo emplazamiento produciría 750 toneladas de látex, una cifra irrisoria comparada con las 38.000 previstas. Era el momento de decir adiós al sueño de gobernar el mercado del caucho.

ciudad fantasma de Fordlandia

Como quien no quiere la cosa, el destino le jugó una última jugada guardada en la manga, llegaba el caucho sintético. Científicos no había podido evitar investigar la posibilidad de producir caucho sin necesidad de viajar a zonas tan salvajes como el Amazonas, el caucho natural tenía los días contados.

Ford tardó 17 años en reconocer la derrota en este periplo por las américas que le dejó con una deuda equivalente a los 280 millones de dólares actuales. Para salvar el pellejo, la Ford Motor Company vendió la tierra al gobierno brasileño por un precio simbólico de 250.000 dólares.

Con el paso de los años, las infraestructuras pasaron al olvido, ruinas de un pasado que el empresario prefería olvidar; probablemente fuese el tema tabú en cualquier comida familiar. El único vencedor de esta historia fue la soberana selva que, poco a poco, ha ido recuperando su terreno soterrando cemento y cubriendo los pocos edificios que aún hoy siguen en pie para recordar al hombre los riesgos de una soberbia ambición.

Fuentes: MarcianosXataka, El confidencial, Autoblog
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1 COMENTARIO

  1. Para variar, las cagadas de Ford vienen de lejos.
    Lo que me extraña es que esta compañía a día de hoy no haya sido absorbida por algún gigante de la automoción.
    Sus modelos, cada vez se ven menos fiestas, focus, mondeos, smax, galaxys y kugas, cuanto tiempo le queda a Ford?

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