No le ha quedado más remedio a Mitsubishi que reconocer que manipuló los resultados de la emisiones de gases de 625.000 vehículos. En una puesta en escena al más puero estilo japonés, el presidente del sexto fabricante de coches del país asiático, Tetsuro Aikawa asumía la culpa y comentaba que abía sido una acción intencionada, al tiempo que pedía disculpas a sus clientes en una rueda de prensa conjunta con el ministro de Transporte de Japón.

Tranquilo. El caso no afecta a modelo de venta en Europa, sino a cuatro kei cars (unos pequeños vehículos con motores de gasolina de hasta 660 cc) de venta en el país y producidos desde mediados de 2013, los eK Wagon y eK Space… además de otros dos modelos de Nissan, los DayZ y Dayz Roox. La marca del diamenate ya ha anunciado la suspensión de la producción y venta de estos modelos.

Fueron precisamente en Nissan donde descubrieron el fraude. Sus datos de emisiones no coincidían con los de Mitsubishi, algo a todas luces extraño, ya que se trata del mismo modelo. El consumo se disparaba un 7%. Nissan pidió que se corrigiesen los valores y ahora la empresa investiga qué ha sucedido exactamente y, sobre todo, quienes son los responsables.

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Al parecer, la homologación más baja se lograba modificando la presión del aire de las ruedas. Una artomaña sencilla y eficaz. En Europa es una de las argucias realizadas por las marcas para ello, pero no supone infringir la ley ya que hay un vacío legal. No ocurre así en Japón, con protocolos bien estipulados por la ley nipona. Aikawa aseguró que no tenía conocimiento de estas malas prácticas, pero asumió la responsabilidad.

La empresa está examinando si los coches vendidos fuera de Japón también están afectados. Y, “teniendo en cuenta la gravedad del caso”, revisarán los datos sobre consumo energético de otros modelos exportados al extranjero, cuyos procesos de prueba varían según cada legislación nacional.

Mientras se aclara qué ha ocurrido, la Bolsa de Tokio no ha tenido piedad. LLas acciones de la empresa nipona cayeron más de un 15% (unos 1.050 millones de euros). Su mayor caída bursátil desde 2004, cuando estaban casi al borde de la quiebra. El anuncio de Mitsubishi llega en un momento muy complicado para la industria del automóvil, sujeta a mayores controles tras el estallido del caso Volkswagen en septiembre del año pasado. El caso no es comparable (son 625.000 coches afectados, por 11 millones del fabricante alemán), pero sin duda tendrá consecuencias.

Vía: El País

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