Si eres un fan de los deportivos y te gustan los coches clásicos, en tu cabeza habrás hecho cuentas mentales de cuánto podría suponer tener un Porsche 911 en tu garaje. Pero el nueveonce es caro. Mucho… y siempre lo fue, desde que comenzó su producción en julio de 1964, jubilando al Porsche 356.  Era mucho más moderno y potente que su predecesor… y más caro. Algo que notaron los fans de la marca a ambos lados del Atlántico (2.000 dólares más caro en EE.UU y 5.650 marcos más en Alemania).

La solución no se hizo esperar. En abril de 1965 entraba en la fábrica un modelo de transición, el Porsche 912. Era en esencia un 911, pero con el motor bóxer de cuatro cilindros (sí, como los futuros 718 Cayman y Spyder). Además de ser más barato (con precios bastante cercanos a los del 356), gastaba mucho menos combustible (unos 7,8 l/100 km), gracias a su mecánica y a una aerodinámica más depurada.

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Para los fanáticos del 911, el Porsche 912 resulta una alternativa más barata al coupé de seis cilindros con un comportamiento de conducción más sencillo. Uno puede pensar que todo lo que no sean seis cilindros no suena a Zuffenhausen, pero el pequeño bóxer de cuatro cilindros (1.582 cc) tiene ventajas dinámicas. Reduce considerablemente el peso… y mejora el comportamiento en curva, sin el sobreviraje nervioso de los primeros 911 gracias una distribución de pesos más equilibrada: de un 41/59 del 911 a un 44/56 en el “Doce”.

El Porsche 912 estaba alimentado por el mismo bóxer de cuatro cilindros del 356, con apenas pequeños cambios en el árbol de levas, el tren de válvulas y las válvulas. Rendía unos 90 CV, con un par máximo de 122 Nm a 3.500 rpm, menos que el 356, lo que facilitaba circular a bajas velocidades y ritmos tranquilos. Iba asociado a un cambio manual de cinco velocidades y contaba con frenos de disco en las cuatro ruedas.

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Su carrocería era obra del especialista Karmann, que la realizó en Osnabrück, el mismo escenario donde se fabricó el 356, mientras la producción del 911 se llevaba al antiguo taller de Reutter. En el interior, contaba con todos los detalles que lo señalan como un auténtico Porsche: cerradura de encendido a la izquierda, tacómetro en el centro y pedales deportivos: todo eso lo puedes encontrar en un Porsche 912.

La receta de Porsche de este modelo, que llevó a cabo Ferdinand Piech, que en 1965 tenía 28 años, funcionó. Se vendieron más de 30.000 unidades. En el primer año, 6.401 unidades, casi el doble que el mítico 911. Se vendió solamente durante cuatro años, hasta 1969, si bien en 1976 tuvo una “segunda vida” en Estados Unidos, como   912E (con un motor de dos litros), mientras que en Europa su sucesor directo fue el Porsche 914, que acabó con el diseño similar al 911.

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La unidad que ilustra este artículo es americana. Este Porsche 912, en muy buen estado y que acaba de tener una restauración mecánica ejemplar, pasó por unas cuantas manos después de que un médico de Asheville, Carolina del Norte, lo comprase nuevo en 1967 y lo vendiese el 21 de noviembre de 1973 con 22.988 millas en el odómetro.

Con 54.057 millas en el cuentakilómetros (86.996 km) y su color rojo original, se ha vendido por 55.000 dólares (50.306 euros), lo que indica que, ni mucho menos, el Porsche 912 es un modelo olvidado. No, no es barato. Ni mucho menos. De hecho, los expertos indican que en Europa (donde es posible encontrar unidades a mejor precio) los precios se han duplicado en el último lustro.  Y no hablemos ya del Porsche 912 Targa, del que se fabricaron apenas 2.562 unidades. Está viviendo una segunda juventud.

Fuente: Bonhams
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