Uber se ha descrito como un servicio que une a personas y las invita a conocerse de manera divertida. Quizá algunos usuarios se lo han tomado demasiado al pie de la letra, en los asientos traseros. Uber ha publicado recientemente la nueva normativa de uso, y aquellos que no la cumplan quedarán excluidos del servicio de coches compartidos. Respeto mutuo, cumplimiento de las normas de seguridad, conducción segura y no tener sexo. Sin excepciones.

Esta guía de comportamiento, que debería ser algo obvio para cualquier usuario con uso de razón, se ha publicado a raíz de una serie de casos de acoso sexual. En junio, según The Washington Post, un conductor de Uber fue arrestado en Georgia por violar a una mujer que lo llamó para hacer un trayecto. El mes pasado, otro conductor en California fue acusado de los mismos cargos, pero con una chica de 17 años inconsciente. Asimismo, después de supuestos ataques a pasajeros en India y Sudáfrica, la empresa instaló botones del pánico en algunos vehículos de estos países.

[“Contacto físico con conductores. Como deja clara nuestra normativa de la comunidad, no puedes tocar o flirtear con otras personas en el coche. Como recordatorio, Uber tiene una regla que prohíbe practicar sexo. Esto significa que no está permitida la conducta sexual con los conductores, sin excepciones […]”

Tal y como informa The Washington Post, la compañía afirma que “está bien hablar con otras personas en el coche. Pero por favor, no hables sobre el aspecto o preguntes si están solteros”. En el caso de que se produzca un comportamiento problemático, se procederá a investigarlo.

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BlaBlaCar también especifica en sus normas de conducta evitar un comportamiento injurioso u obsceno o que tenga connotaciones sexuales, pero no resulta tan explícito como Uber.

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En Car2Go no se hace alusión al comportamiento de los usuarios.

Un estudio llamado “Discriminación por raza y género en las empresas de transporte” revela que existen considerables diferencias entre los viajes que hacen hombres y mujeres. Los investigadores descubrieron que las mujeres eran transportadas un 5% más lejos que los hombres -por lo tanto pagaban más- aún teniendo el mismo origen y destino. Explican esto como fruto del flirteo y del enriquecimiento ilícito.

¿Es responsabilidad de Uber y de estas empresas de coches compartidos lo que ocurra durante los trayectos? Bajando el tono de gravedad informativa, ¿qué ocurrirá cuando en los coches sea prescindible la atención del conductor y no tenga que poner las manos en el volante? ¿Se disparará el sexo en el coche? Puede que la autonomía le haga un favor a la envejecida Europa y se produzca una explosión de natalidad en los próximos años. Quién sabe.

Vía: Automology, The Washington Post

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