Una de las marcas de coches que siempre me ha llamado la atención es Tatra. Se trataba de un fabricante checoslovaco que comenzó a fabricar carruajes y carretas en 1850. Pero lo llamativo de la historia de Tatra fue haber creado el primer coche de producción concebido con la mínima resistencia aerodinámica como una característica de diseño. Se trata del Tatra T87, en la que el ingeniero Ledwinka tomó los rasgos aerodinámicos de su anecesor, el T77, y desarrolló un coche más pequeño y rápido.

Reconocible de un vistazo, destaca su característica aleta dorsal y su pequeño parabrisas de tres piezas, con una pequeña ventana y un pequeño pilar (entonces no se podían hacer cristales curvos). Su coeficiente aerodinámico era de solamente 0,36 Cx, mejor que el de muchos de los modelos actuales. Entre los seguidores incondicionales de este diseño destacó Ferdinand Porsche, diseñador el Volkswagen Bettle, con un cierto parecido al T87… y que originó un pleito entre Tatra y Volkswagen. Tatra denunció a Porsche por plagio y se dice que fue Hitler en persona quien canceló el proceso, diciendo que él lo resolvería.

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Para mover esta maravilla aerodinámica, se optó por un motor V8 trasero refrigerado por aire. Fabricado en aluminio, esta mecánica tenía una cilindrada de 2.968 cc y desarrollaba 75 CV de potencia. A pesar de que pueda parecer limitado, en pruebas realizadas en autopistas italianas superaron los 160 km/h, lo que lo convertía en uno de los coches más rápidos de su tiempo. Se fabricaron unas 3.000 unidades de T87 entre 1936 y 1950… aunque, con tanto peso en la parte trasera, tenían un problema de estabilidad grave.

Una de esas unidades, un Tatra de 1941 se pasea por Los Ángeles hoy en día, perfectamente restaurado. A su volante, el Sr. Paul Greenstein, que ha sido localizado por Petrolicious para hablar de cómo se le ocurrió tener semejante extravagancia rodando en el país de los coches. Lógicamente, la aleta dorsal y el triple faro delantero atraen la atención de todo el mundo allá donde va.

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¿Es un Citroen? ¿Un Volkswagen? ¿Un Hudson? ¿Qué demonios es eso? Paul tiene una tienda de cosas vintage al Este de Los Angeles, todo un canto a la extravagancia, donde se pueden encontrar desde un Skoda Felicia descapotable esperando retauración, media docena de máquinas de discos antiguas, muchas motocicletas Indian y BMW… Pero nada supera a su Tatra. Paul es un fan de la marca y conserva en casa numerosos recuerdos de la marca… incluso un  uniforme militar checo de antes de la Primera Guerra Mundial.

Paul Greenstein repasa los detalles del Tatra T87: su excelencia aerodinámica, del pasado de su diseñador… y mucho más. Cuando apenas tenía 18 años, Paul vio un dibujo de uno en un libro sobe vehículos militares y entonces decidió tener uno. Nunca se había vendido en EE.UU., habían fabricado muy pocos y el bloqueo soviético no ayudaba en los años 80 poder importar uno.

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Pese a todo, hoy posee cuatro. Los dos primeros los encontró en un estado deplorable, allá por 1993, y comenzó su restauración. Fue un arduo y meticuloso trabajo, a caballo entre EE.UU. y República Checa, pero el resultado es excepcional. “Es mi pequeña contribución a la historia”, asegura. Así es la pasión por uno de los coches más extraordinarios (y menos reconocidos) jamás creado:

Fuente: Petrolicious

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