Todos concemos la parte buena de los combustibles diésel, que mueven gran parte del transporte mundial por su eficiencia. El combustible diésel es más denso que la gasolina, y tiene un contenido de 11% más de energía por litro. También su lado malo: cada año se utilizan en el mundo un billón de litros de gasóleo, lo que libera el 10% de las emisiones mundiales de CO2. Y otros tipos de gases y partículas muy nocivas, cancerígenos según la OMS.

La suciedad de los motores diésel se va solucionando con los filtros antipartículas, cada vez más eficaces. Pero el diésel es un derivado del petróleo, un recurso finito y cada vez más caro. Pero gracias a la versatilidad de los motores diésel, este tipo de propulsores pueden funcionar con otros combustibles como el biodiésel, que se obtiene a partir de aceites vegetales de desecho, y cuyas emisiones de carbono están cerca de la neutralidad (el balance entre las emisiones y compensaciones de CO2 es casi cero).

En todo el mundo se utilizan anualmente cerca de 20 millones de litros de biodiésel se realizan cada año, (y puede multiplicarse por cinco sin penalizar los usos alimentarios). Y comparado con el diésel del petróleo, el biodiésel tiene una mayor capacidad de lubricación, mayor índice de cetano y mucho menos azufre.

Fabricar biodiésel en casa no es una tarea demasiado complicada, y además sirve para deshacerse de las grasas y aceites utilizados para cocinar, esos que casi todo el mundo tira por el desagüe, donde obstruyen las tuberías o, si llegan a los ríos, favorecen el desarrollo de plagas. Por eso mucha gente recicla sus aceites de cocina convirtiéndolo en combustible gratis para su coche.

El proceso de producción de biodiesel se denomina transesterificación. El aceite vegetal está compuesto principalmente de triglicéridos, que contienen tres ésteres de ácidos grasos unidas a una molécula de glicerina. En el proceso de transesterificación, los triglicéridos se hacen reaccionar con una mezcla de alcohol metílico y el hidróxido de sodio. Así los ésteres de ácidos grasos se desprenden de la molécula de glicerina.

Ahora una empresa del Reino Unido ha creado el procesador BioBot 20 diesel, un reactor que hace ese proceso químico básico. de transformar los aceites de cocina usados más sencillo. Tiene una capacidad de 20 litros por lote. Se llenar la cámara de reacción con aceite vegetal usado y se calienta a una temperatura determinada mientras se agita el aceite con un mezclador de mano. Cuando el aceite llega a la temperatura, se mide la cantidad de ácidos grasos libres, lo que determina la cantidad de catalizador de hidróxido de sodio se requiere para procesar el lote.

Luego hay que añadir la cantidad de catalizador a cuatro litros de metanol puro y mezclarlo hasta que el catalizador se disuelve en el metanol. Eso se almacena en un tanque especial que se bombea a la cámara de reacción, con el aceite caliente y agitándose (entre 12-24 horas). La glicerina se ha acumulado en la parte inferior de la cámara de reacción, que se drena mediante un grifo en la parte inferior de la cámara de reacción. El resto es el biodiesel.

El biodiesel crudo deben lavarse con agua antes de usarse. La BioBot 20 realiza también este proceso, pulverizando el agua en la parte superior. El agua no se disuelve en el biodiesel, pero a medida que pasa a través de él retira los contaminantes. El proceso de lavado con agua se repite hasta que el biodiesel es claro.

¿Y todo esto vale la pena? Depende de cuánto tiempo y espacio tengas… y de la cantidad de aceite de cocina usado que puedas conseguir. La BioBot 20 cuesta 415 libras… Ahora tú decides.

Fuente: Biobot