Has ido al mecánico y has dejado tu preciado coche en el taller. Esperas pacientemente apretando la mano sobre el bolsillo. Próximamente, la cartera se va a sentir más ligera, y lo sabes. Pero bueno, son los trámites de tener un coche. Como el hecho de poseer una vivienda o tener un hijo, el coche es un pozo sin fondo que rara vez te dará dinero en vez de quitártelo.

Vuelves a casa, triste –o enfadado– por no disponer de tu vehículo particular. Hoy tendrás que hacer piernas o coger el transporte público. Con suerte, podrás ser un afortunado y, al llegar a tu domicilio, un segundo medio de transporte podrá hacerte el apaño mientras tanto. Pasa el tiempo. Horas, días, semanas, todo depende de la causa por la que tu coche esté moribundo entre cuatro paredes junto a otros de la misma calaña.

Te llaman del taller. Con cierto alivio y júbilo, acudes a recoger tu máquina para disfrutar de las bondades del transporte privado. Sacas la tarjeta bancaria –o el efectivo– y procedes a cumplir como buen ciudadano al pago de los servicios ofrecidos por el establecimiento. Subes al coche, giras la llave del contacto –o pulsas el botón de encendido– y ves en el cuadro de instrumentos más kilómetros de los que esperarías.

¿Cómo? Dejaste tu querido tesoro en manos de unos desconocidos y confiaste en ellos. ¿Por qué traicionarían tu confianza? Uno espera profesionalidad en estas situaciones, ¿no? Podemos presuponer entonces que el mecánico de turno encargado de mantener la salud e integridad de nuestro coche ha posado su trasero en el asiento del conductor más tiempo del recomendado. Tal vez, simplemente, condujo el vehículo con la finalidad de hacer las correspondientes comprobaciones para el aseguramiento del buen funcionamiento del mismo. O se ha ido a por un helado.

Pero el run run no está en el coche, sino en tu cabeza. “Son demasiados kilómetros de más solo por una merca comprobación”, piensas en silencio. “En ningún momento di mi consentimiento para que circulasen con él, y encima no me dieron ninguna hoja que indicase los kilómetros en el momento de dejar el coche. ¡Qué hijos de fruta!”. Y con cierta lógica. Porque lo cierto es que a nadie le hace especial gracia que abusen de nuestra confianza, y menos cuando se trata de algo tan importante y personal como es el coche.

¿Es ilegal que un mecánico conduzca mi coche?

Sin embargo, aunque no diste tu consentimiento explícito para conducir el susodicho automóvil mientras estaba siendo trabajado en las instalaciones del taller, no es un hecho necesariamente ilegal. Por lo general, tú, o el otro conductor codicioso de manejar los coches ajenos, debéis tener el seguro pertinente para cubrir cualquier daño que pueda ser causado mientras se hacen cargo de tu propiedad. Mínimo el seguro de responsabilidad civil obligatoria.

Algunos talleres tienen un seguro especial que les permite “mancillar” y acceder a la intimidad de nuestro vehículo personal. Por ejemplo, pueden conducirlo para propósitos de prueba de manejo que impliquen asegurarse de que los problemas se hayan solucionado por completo antes de que sea devuelto. También pueden tener una póliza que dé el visto bueno para que sujeto sea manejado siempre y cuando sea motivado por nuevas piezas o nuevos neumáticos.

En caso de duda, vale la pena preguntar, ya que es posible que no hayan hecho nada malo a efectos legales. Aunque eso no quita que el taller debería haberte notificado que han tenido que usar tu vehículo mientras estaba en el garaje. Porque, aunque no haya accedido ningún hecho negativo per se, nada en la vida tiene vuelta atrás. Por ejemplo, aumenta el kilometraje y, por ende, el desgaste general del vehículo. Ambos factores pueden tener un efecto en cadena si deseas vender el coche más adelante.

Ausencia de permiso y delitos de circulación

Si no diste tu permiso para conducir el coche y el seguro correspondiente no está en su lugar, existe la posibilidad de denunciarlo como “robo”. La posición legal sobre esto considera que la falta de permiso es similar a robar el vehículo. Si le ocurre algo como resultado de un accidente, no tendrías por qué hacerte cargo de los gastos de reparación. En caso de presentar una demanda contra el mecánico es importante tener en cuenta lo siguiente:

Puedes ejercitar el derecho de repetición que otorga el artículo 10 b) del Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 Octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, así como el artículo 43 de la Ley 50/1980, de 8 Octubre, de Contrato de Seguro. En virtud de este derecho, el asegurador podrá repetir contra los terceros causantes del daño –y la aseguradora de estos, si tuvieran– y hacerles cargo de la responsabilidad de los daños causados, con la correspondiente devolución de la indemnización satisfecha

Si se comete un delito de circulación vial como es el exceso de velocidad mientras otra persona está conduciendo tu coche, es el propietario del automóvil el responsable de pagar la multa y de comerse una retirada de puntos en la licencia de conducir. Esto puede parecer muy injusto si no eres quien conducía en ese momento, pero es muy difícil –o incluso imposible– demostrar que no eras el conductor.

Resguardo de depósito

Parece una tontería, pero este documento puede salvar tu bienestar mental y el de tu coche para evitar todo lo contado. Un sencillo papel que el taller te entrega como propietario del vehículo que dejas en sus manos, independientemente de sea una mera elaboración de presupuesto o para llevar a cabo una reparación. Al igual que lo recibes al dejar el coche en el taller, es igualmente importante presentarlo a la hora de recogerlo.

El resguardo del depósito consta de:

  • El número del taller en el Registro Integrado Industrial de cada comunidad autónoma, así como su identificación fiscal y la dirección de su localización.
  • Nombre, domicilio y DNI del propietario del vehículo.
  • Identificación del vehículo. Es decir, marca, modelo, matrícula y número de kilómetros registrados en el odómetro.
  • Descripción de la reparación y/o servicio que va prestar el taller, así como los costes que serán acarreados.
  • Fecha prevista de la devolución del vehículo. En caso de demorarse el plazo por circunstancias imprevistas y ajenas al taller, y el tiempo de reparación sea igual o superior a la semana, el establecimiento deberá comunicarlo con 48 horas de antelación.
  • Fecha y firma del taller.
  • Posibles gastos adicionales, si procede.

Antes de efectuar una reparación, conviene pedir un presupuesto por escrito en el que figure de forma detallada el coste de las piezas, la mano de obra y demás asuntos relacionados con la reparación del coche. Así, en caso de detectar otras averías o piezas rotas, el taller no podrá cambiarlas sin consentimiento. Por Ley, el plazo es de 48 horas para comunicarlo. Si el taller establece un presupuesto y lo rechazas, la Ley contempla la posibilidad de pagar el tiempo que hayan invertido los mecánicos en detectar la avería.

Como muchos documentos, el resguardo de depósito puede tener letra pequeña al final. En ocasiones, existe una cláusula donde se indica que el cliente renuncia al presupuesto decretado. Firmar esa condición no es aconsejable, pues las consecuencias pueden motivar una ingrata sorpresa en la factura final. De esta forma, el taller podrá sustituir piezas sin tu permiso, y será legal. Ahí sí que te acordarás del mecánico y de su familia, tanto de la viva como de la difunta, aunque no los hayas conocido.

Piezas nuevas, piezas usadas y garantía

Por norma general, el taller siempre deberá utilizar piezas nuevas con su respectiva referencia de la marca. Pero imaginemos que tu coche ya está entrado en años, y es muy difícil encontrar repuestos nuevos o es una pieza demasiado cara. En ese caso, tú, como propietario del vehículo, tendrás que reflejar por escrito que autorizas al taller a usar piezas ya usadas o reparar la ya instalada. Elementos de la dirección, del sistema de frenos o de la suspensión quedan exentos de esta posibilidad por motivos de seguridad.

La garantía de las reparaciones o instalaciones efectuadas sobre el coche son de, mínimo, tres meses o 2.000 kilómetros (15 días o 2.000 km en vehículos industriales). En la factura escrita (obligatoria de emisión) deberá constar explícitamente dicha duración de la garantía y la siguiente leyenda: “La garantía se entiende total, incluyendo mano de obra, piezas sustituidas, servicio de grúa, desplazamiento de operarios e impuestos y su cumplimiento se realizará sin que quepa postergación”.

Aunque siempre existe un matiz. Aquellos componentes que tengan que ser reparados o sustituidos y no sean elementos sometidos a desgaste, tienen dos años de garantía desde que se entrega el vehículo ya reparado. Si es un defecto de fabricación y el coche aún permanece en garantía, sigue siendo recomendable pedir la factura completa. Si el problema persiste, ya tendrás algo para reclamar y no perder en el intento. Y si estás muy descontento con el taller por el motivo que sea, siempre estarás en tu derecho a rellenar una hoja de reclamaciones.

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