Cuando estamos viendo coches, ya sea para cambiarlo o por puro entretenimiento, uno de los números más relevantes que a la gente parece importarle es la potencia. En parte, tiene sentido. Sobre el papel, parece un número fácil y singular para comparar con rivales y dar una idea de cuán capaz es un automóvil. Pero, en realidad, esa cifra no es tan relevante como el peso de un automóvil.

Escuchamos mucho sobre la relación potencia/peso cuando se trata de vender vehículos modernos de alto rendimiento. Esto se debe a que los incrementos notables en la potencia del motor en los últimos veinte años han superado por completo las lamentables ganancias en el peso en vacío entre la mayoría de pretendientes. Por ejemplo, el actual BMW M2 pesa 200 kilos más que el antiguo M3 de primera generación (E30), pero ofrece casi el doble de potencia.

El problema con la relación potencia/peso es que es, esencialmente, una forma de mentirnos a nosotros mismos con estadísticas que han de cogerse con pinzas. La noción misma de una relación abordada implica que la potencia adicional puede equilibrar de alguna manera nuestra adición de peso, ¿no es así? Por tanto, ¿no deberían dos coches con una masa y unas cifras prestacionales similares ser igual de rápidos en una pista de carreras?

La respuesta nos la da Jason Fenske, del canal de YouTube Engineering Explained, que analiza cómo la potencia y el peso se afectan entre sí, y por qué el este último es el factor más importante para determinar el rendimiento y la diversión. Lo que hay que tener en cuenta es que la potencia es pesada. Eso significa que, cuanta más potencia tenga un coche, más pesado será. ¿Por qué? Bueno, si se desea más potencia, se necesita un motor más grande, un eje de transmisión más robusto, una caja de cambios más fuerte y frenos de mayores dimensiones.

El mejor ejemplo que Fenske da hace referencia la carga aerodinámica. Un vehículo de 2.000 kilos que produce 1.000 kg de carga aerodinámica puede generar 1,5 g de aceleración lateral en una curva, lo cual es bastante bueno. Ahora, digamos que el mismo coche pesa 1.000 kg y genera los mismos 1.000 kg de carga aerodinámica. Este vehículo podrá producir 2 g en aceleración lateral, por lo que podrá ir mucho más rápido sin variar ningún un ápice su potencia.

Fenske también puntualiza otros aspectos de interés. Si bien la potencia es importante para la cifra de velocidad máxima, la curva de par y la entrega de fuerza son factores importantes en el mundo real. ¿Con qué frecuencia aceleras hasta los 100 km/h y con qué frecuencia vas a la máxima velocidad? Para este menester, no todo son caballos, sino el cómo se entrega la potencia y el peso.

Cuando pierdes peso en un automóvil, suceden todo tipo de cosas maravillosas. Los coches más livianos pueden usar ruedas y neumáticos más ligeros, lo que los hace aún más receptivos. También hacen mejores consumos sin recurrir a costosos sistemas de propulsión alternativa, y no desgastan tanto los frenos y neumáticos como lo hacen aquellos más pesados ​​con una relación potencia/peso similar. La ligereza ahorra dinero y esfuerzo.

El problema es que es endiabladamente difícil cumplir con los niveles esperados de seguridad, comodidad y aislamiento acústico. Afortunadamente, la tecnología de estampado y fabricación de materiales ha avanzado sustancialmente para brindar todas las ventajas de las que hasta ahora se disfrutan, permitiendo reducir la masa del vehículo y hacerlo más eficiente.

Fuente: Engineered Explained

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