Que un coche eléctrico sea capaz de vencer a los motores de combustión de interna se está convirtiendo en algo habitual en los nuevos tiempos. Pero si trasladamos este facto a los comienzos de la automoción a finales del siglo XIX, llama más la atención. El Riker Electric ganó tres de las primeras carreras de coches de Estados Unidos.

Fue construido por el pionero y gigante de la industria automotriz Andrew L. Riker, cofundador y presidente inaugural de la Society of Automotive Engineers con Henry Ford como su vicepresidente. Después de vender su compañía para transportar al magnate de las motocicletas Albert Pope, se mudó a Locomobile, donde diseñó su primer coche de gasolina de producción. Pero veamos el origen del Riker Electric.

Andrew Riker abandonó la universidad después de su primer año en 1884, y comenzó a experimentar con propulsión eléctrica conectando un motor eléctrico y una batería, ambos de su propio diseño, a una bicicleta Coventry. Finalmente acabó su proyecto en el sótano de sus padres tres años después. En 1888, estableció la Riker Electric Motor Company en Brooklyn, y siguió con la Riker Motor Vehicle Company al año siguiente.

En 1898, Riker ya era uno de los principales fabricantes de vehículos eléctricos del país, incluidos camiones y furgonetas de reparto que podían verse regularmente por la ciudad de Nueva York; los coches de pasajeros eran escasos e infrecuentes, limitados a un puñado de prototipos. Pero ese mismo año construyó el primer automóvil eléctrico “en serie” (realmente la producción en serie no llegaría hasta el Ford Model T) para la gente de a pie.

El Riker Electric alojaba bajo su carrocería –inspirada en los carruajes contemporáneos– un motor eléctrico de 1,5 kW (2 CV) que enviaba su potencia al eje trasero a través de una transmisión de cinco velocidades: tres de avance y dos de retroceso. El conductor por su parte manejaba el coche mediante una barra de timón; el volante no se generalizaría hasta los años 30. El cuadro de instrumentos quedaba conformado por un solo medidos de voltios-amperios.

En su día, podía alcanzar los 64 km/h y circular durante 80 kilómetros con una sola carga. “Existen muy pocos automóviles de este significado histórico y, ciertamente, casi ninguno está disponible para la venta. Nuestro sincero deseo es que elogie un logro pionero notable, ser uno de los primeros coches eléctricos estadounidenses en existencia y, ciertamente, de los primeros que compitió”, dijo Rod Egan, de Worldwide Auctioneers, a The ClassicCars Journal.

En 1900 fue exhibido junto al famoso Lohner Porsche “Semper Vivus” en la Exposición Universal de París. Ganó la medalla de oro. Conseguir este hito en un evento tan prestigioso fue un triunfo para la compañía, era el premio más alto a la excelencia disponible para un producto en ese momento. El Riker Electric era la equivalencia a “lo mejor de lo mejor que podías tener en aquel momento”.

El ejemplar que ilustra esta entrada fue utilizado tanto por el propio Riker como por su esposa Edith hasta 1930, cuando fue regalado al museo Henry Ford. Permaneció allí hasta que fue subastado y readquirido por la familia Riker en 1985. Jamás restaurado y se encuentra en condiciones originales. Incluso conserva su matrícula de cuero original con las iniciales de Riker (ALR) y la documentación que certifica ser el primer coche registrado en el estado de Nueva York y, probablemente, del país.

Un vehículo que, con 121 años de historia a sus espaldas, será protagonista en la subasta Pacific Grove del 15 de agosto, California, de la mano de Worlwide Auctioneers. Pocos automóviles veteranos en cualquier parte del mundo, independientemente de su propulsión, han sobrevivido en un estado tan intacto y bien preservado. Respecto a su precio, poco podemos especular. Jamás se ha subastado un coche con este palmarés histórico.

Fuente: Worldwide Auctioneers, The ClassicCars Journal

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