El pasado jueves Alemania paralizaba el acuerdo alcanzado entre la ya ex presidencia de la Unión Europea, Irlanda, y la Eurocámara, sobre la normativa que obligará a los fabricantes de coches a reducir sus emisiones de CO2 a los vehículos de hasta 95 gramos por kilómetro de aquí a 2020.

Decimos la ya ex presidencia porque este lunes día 1 de julio se ha traspasado el expediente a manos de Lituania, que preside ahora la UE. Lo que no está claro es cuál será el siguiente movimiento ni en qué dirección irá. El acuerdo, que debía votarse el pasado jueves día 27 en la reunión de embajadores de los Veintisiete, se ha sacado de la agenda y se ha pospuesto a un encuentro posterior.

El punto de partida es la necesaria legislación que estreche el cerco al consumo y a la contaminación de los automóviles. Ante esto la UE se proponía endurecer las emisiones medias por fabricante y limitar los bonos por producir coches eléctricos. El objetivo de esta legislación es proponer unas emisiones de CO2 de 95 g/km. de cara a 2020 y que obligue a que todos los fabricantes de la UE a que nivelen estos gastos al sumar la media de consumos de todos los coches que venden.

La gran mayoría de los países de la Unión Europea pretenden reducir el volumen de bonos que utilice cada fabricante para compensar sus excesos de contaminación, de forma que la solución de producir turismos eléctricos en la mayoría de los casos no sería suficiente para compensarlo.

Pero Alemania, de manos de su canciller Angela Merkel,  se opuso desde un principio y ha expresado su continuo descontento ante esta situación. Además, desea que la decisión se siga retrasando y así se logre su objetivo de no llegar a un acuerdo antes de las elecciones del parlamento federal de septiembre.

Por otro lado, la organización ecologista Greenpeace ha acusado a  Angela Merkel de haber intervenido personalmente para frenar el compromiso, que se cerró el pasado 25 de junio, con el objetivo de proteger a su industria. Según ellos, Merkel ha demostrado que no tiene miedo de secuestrar los procedimientos democráticos y de intimidar a unos cuantos fabricantes de automóviles de gama alta.

De momento Alemania ha logrado que se retrase la aprobación de esta normativa y busca aliados para evitar que se lleve a cabo en algún momento. Según las fuentes publicadas Berlín ha contado con el apoyo de Polonia, República Checa y Eslovaquia. Ahora estará en manos de la nueva presidencia de la UE, Lituania, quien deberá decidir.

Fuente: Autonews
Foto: conduccioneficiente.tv

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