En estos tiempos, no dejan de proliferar las noticias acerca de las nuevas opciones de combustible para los vehículos. La carrera ya ha comenzado y, para los fabricantes, el objetivo es doble: demostrar que hay vida más allá del petróleo y, casi más importante para ellos, que la tecnología desarrollada por cada uno sea la elección definitiva.

Híbridos, eléctricos, mixtos, a pila de combustible o con gas natural. Hasta el momento son muchas las alternativas, pero no todas ellas tienen la misma pinta. Algunas incluso parecen más un intento por salir en los telediarios que un desarrollo tecnológico con futuro.

Pero, así como crecen las posibilidades, crecen del mismo modo las preguntas. ¿Cuáles son las diferencias?, ¿dónde está la diferencia?, ¿en dónde está la ganancia que aporta cada una de ellas?

Pasemos a hacer un pequeño repaso a las opciones que más aceptación han adquirido hasta el momento.

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La pila de combustible permite a un vehículo funcionar con hidrógeno, en lugar de con gasolina. El hidrógeno se combina con oxígeno de la atmósfera para generar electricidad, que es lo que hace que se mueva el motor. El proceso no emite ninguna sustancia contaminante, lo único que emite es agua. El hidrógeno se genera a partir del gas natural o del agua mediante la electrólisis.

El EcoFuel, montado por Volkswagen en el Pasta CNG, es un sistema por un motor de inyección directa con turbo que funciona con gas natural comprimido. El consumo se mueve unos 4 kilos por cada 100 km, dato que deja el coste en menos de 2 euros y medio por esos mismos kilómetros.

Los motores de impulsión eléctrica son los que más adeptos han encontrado hasta el momento. La capacidad de conseguir resultados sobre el asfalto cada vez más similares a los de los vehículos de combustión, como demuestran los últimos deportivos, autonomías cada vez mayores y tiempos de recarga más razonables, parece que, en la carrera por el futuro, son los que llevan la delantera.

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