Renovarse o morir.

Así de claro y sencillo, una verdad tan irrefutable como que después del día llega la noche. Tras una buena temporada de crecimiento sostenido, e insostenible a tenor de las crisis en las que estamos envueltos, el sector del automóvil está en proceso de refundación. Todas las marcas han puesto en marcha sus planes, a un par de años vista, para adaptarse a las exigencias, o necesidades según se mire, del planeta.

Esa necesidad de transformación también ha llegado al concepto mismo del Salón del Automóvil. Parece que, al fin, no se puede seguir desvinculando al coche del entorno en el que se ubica. Así que, y aprovechando el viento de cambio, el IFEMA, tal y como anunció el pasado otoño, renovará su idea de Salón para adaptarlo a los nuevos tiempos.

Propuestas ecológicas

Lo cierto es que, con las espectaculares novedades eléctricas de los salones de Frankfurt y Detroit, el próximo Salón del Automóvil Ecológico y la Movilidad Sostenible tiene ante sí una oportunidad única. La expectación es alta, porque ya ha quedado claro que el cambio de los combustibles no tiene que significar pérdida en los atractivos tradicionales de los vehículos. Si los organizadores y las marcas juegan bien sus cartas, podemos estar ante la ocasión de enseñarle al mundo que la apuesta por el cambio es inevitable. El futuro ya está aquí y él no atiende a razones.

El próximo mes de Mayo, entre los días 20 y 23, los ojos también se volverán hacia los gobiernos y autoridades, para ver si sus grandes palabras y planes tienen el contrapunto de medidas económicas concretas. La transformación no será sencilla, ni rápida, ni saldrá gratis, así que será necesario que todos los implicados arrimen el hombro. Eso incluye también a los consumidores. Es decir, a nosotros.

La cartas ya están sobre la mesa, así que sólo queda descubrir las jugadas de cada uno.

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