General Motors consiguió en tan solo doce meses un milagro que parecía imposible. El principal fabricante mundial de automóviles estaba al borde de la quiebra, una situación que habría provocado un escenario de colapso en toda la industria. Es entonces cuando entre en juego la política. La administración Obama se encuentra por aquellos días en una encrucijada. El cambio prometido por el presidente no termina de arrancar, mientras que los estadounidenses pierden sus puestos de trabajo y la arcas del país se resienten.

La quiebra de General Motors habría supuesto una catástrofe para la ya de por sí maltrecha económia del país, por lo que, y a pesar de las reticencias iniciales, la Casa Blanca aprueba las ayudas al grupo automotriz. La inyección de dinero consigue reflotar a General Motors, que en tan solo uno meses recupera el cetro mundial de la automoción. A pesar de la delicada situación por la que atraviesa el sector, General Motos vive una segunda juventud a la que sin embargo le ha salido una arruga al otro lado del charco.

A pesar de los recortes puestos en marcha hace dos años, Opel, una de las firmas propiedad de General Motors, no levanta cabeza. “Existe una creciente frustración con Opel y una sensación de que los recortes impulsados cuando el grupo se encontraba en plena quiebra, no fueron lo suficientemente impotantes”, aseguran fuentes internas de General Motors, en declaraciones al rotativo estadounidense The Wall Street Journal.

Durante los nueve primeros meses del año, Opel obtuvo un balance negativo de 580 millones de euros. Para intentar remediar la situación, el grupo prepara una nueva batería de recortes que contempla el cierre de varias plantas de producción y la supresión de miles de puestos de trabajo en sus instalaciones europeas. La reflotación de Opel se antoja prioritaria y es que si ya fue imposible vender la firma en 2009, ahora, con la compañía en caída libre, la tarea se antoja casi imposible.

Vía: El Economista

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