Para responder a esta cuestión, tenemos que irnos hasta finales del siglo XVIII. Inglaterra se posicionaba como la primera potencia mundial motivada por los avances acontecidos durante la Primera Revolución Industrial. Siendo el principal protagonista de la misma el escocés James Watt.

Inventor de la mejorada máquina de vapor de agua (a partir de los trabajos previamente realizados por Thomas Newcomen), fue también el primero que acuñó el término de caballos de fuerza (HP).

Se estima que esto tuvo lugar alrededor de 1782, y que su propósito no era otro que crear una medida no absoluta entre la potencia de sus máquinas de vapor con la de los caballos de tiro. Es decir, con los caballos que se utilizaban en algunos casos como fuerza motriz a la hora de mover el mecanismo de ciertas maquinarias.

La razón de esta comparación, es que Watt quería convencer al público de que la utilización de la máquina de vapor era mucho más potente y efectiva que el obsoleto uso tradicional de los caballos.

De esta manera, estableció que un caballo tenía la fuerza de levantar por si solo un peso de 330 libras a una altura de 100 pies. En nuestro sistema métrico, un peso de 149,68kg a una altura de 30,48 metros por minuto. Modificando la altura, según Watt, un caballo sería capaz de levantar 75kg a un metro por segundo.

De forma visual, en relación al peso y la altura, imaginemos a un caballo que al avanzar mueve una polea que contiene un cubo lleno de carbón. Pues bien, Watt prometía que con la máquina de vapor, se podrían levantar cargas de 150 kg a una velocidad de 1,82 km/hora (haciendo conversiones métricas).

Cabe señalar que esta medida no es para nada absoluta, sino una estimación de Watt en relación a la fuerza de un caballo medio, con el que poder establecer dicha comparación. Podríamos por tanto afirmar que este concepto, era en sí mismo, una genial campaña de marketing del escocés.

Actualmente, el uso de los caballos de fuerza (Horsepower), siguen teniendo bastante relevancia en los países anglosajones. Surgiendo muchas veces el error de convertir los HP en nuestros CV. Es decir, en confundir los caballos de fuerza con los de vapor.

El Lamborghini Aventador LP750-4 Superveloce tiene nada menos que 740 HP…

Poniendo un ejemplo, si cogemos el Range Rover de 2018, este tiene una opción de motor TDV6 de 3.0 litros y 258 CV. Si midiésemos los caballos en caballos de fuerza, la cifra se reduciría a 254 HP, pero la potencia mecánica en los dos casos sería la misma. ¿Por qué?

Los caballos de vapor (CV) se establecieron como una unidad de medida equivalente a los caballos de fuerza con motivo de la creación del sistema métrico decimal francés. Siendo su término original cheval-vapeur, la diferencia en términos absolutos es sólo de un 1.37% mayor los CV que HP. Todo un enrevesado de conversiones para medir la potencia, que culminó con la creación del Vatio (Watio en inglés en honor a Watt) como la unidad del Sistema Internacional de Unidades para la potencia.

Por lo tanto si el Range Rover, equipa un motor de 254 HP, también podríamos decir que equipa un motor de 189.408 W (1 HP=745,7 W).

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