El coronavirus ha ocupado por completo la actualidad informativa en los últimos meses. Y no nos ha dejado ocuparnos como debiéramos, en una publicación de este tipo, del petróleo. En parte era lógico. Su principal función es mover el mundo (el 56% de su producción acaba siendo un combustible). En un mundo parado, parecía que no existiese.

El parón a escala global ha tenido un efecto sistémtico en esta mezcla de hidrocarburos. La bajada de la demanda no tiene precedentes conocidos (llevaba una década subiendo). Y eso afectó, y mucho, a sus precios. El Brent llegó a tocar mínimos de 21 años, por debajo de 16 dólares el barril en abril y el crudo estadounidense llegó a cotizar con precios negativos por primera vez en el historia.

La Agencia Internacional de la Energía (AEI) indica que el 23% de las plataformas dejaron de trabajar (en tierra y marítimas). Un porcentaje que casa con la bajada del 30% del consumo mundial de crudo. «Todavía es demasiado pronto para determinar los impactos a más largo plazo, pero la industria energética que emergerá de esta crisis será significativamente diferente de la anterior», indican desde la AIE.

El error previo

El 6 de marzo, había estallado la guerrra dentro de la OPEP. Rusia se negaba a recortar la producción del petróleo ante el desplome de la demanda, que era lo que proponía Arabia Saudí. El precio comenzó a derrumbarse entonces, nada menos que un 24%, ya que Arabia tuvo además que aumentar la producción, para no perder mercado frente a rusos y estadonidenses.

Entonces la población mundial comenzó a confinarse. Así, el 12 abril los principales países productores de petróleo (OPEP) acordaron recortar la producción para hacer frente a esta bajada de demanda… y a los precios, que habían bajado de 60 a 30 dólares el barril en Europa. Lo que parecía imposible un mes antes, que Rusia y Arabia Saudí alcanzasen un acuerdo, se produjo.

La producción del crudo es ahora de 9,7 millones de barriles diarios (desde el 1 de mayo de 2020), durante un periodo inicial de dos meses. Del 1 de julio de 2020 al 31 de diciembre de 2020, el ajuste será de 7,7 millones de barriles al día, seguido por otro ajuste de 5,8 millones de barriles diarios durante 16 meses (del 1 de enero de 2021 al 30 de abril de 2022).

Si esperabas que la gasolina bajase, estás equivocado. Esa reducción pretende evitarlo. Si bien vimos los precios de los carburantes en mínimos desde la pandemia (en absoluto equiparable a la caída del crudo), los movimientos de los productores ya han logrado que suban. Recuerda que solamente el 50% del precio del combustible de tu coche va en relación al precio de la materia prima.

¿Y el futuro?

Hay pozos parados. Se ha reducido una tercera parte el gasto en exploración y producción, el nivel más bajo en 13 años. Pero no tantos como cabría esperar. Porque lo más probable es que el precio comience a dispararse de cara a año y medio. Por ese motivo, muchas empresas que ahora están con el agua al cuello resisten. Un pozo no se detiene simplemente pulsando un botón, tiene costes muy elevados. Volverlo a reactivar, todavía más. Eso sí, la situación varía en función de la zona productora:

  • Estados Unidos: Las empresas petroleras están endeudadas debido a las inversiones en fraking de la última década. Con un petróleo barato, muchas compañías pequeñas están abocadas a la quiebra.
  • Oriente Próximo: Por ahora resiste los bajos precios gracias a que la explotación de su crudo es la más barata del mundo. Pero la economía del país no pude aguantarlos, ya que los presupuestos se realizan con precios más altos. Por eso bajarán más la producción.
  • Rusia: Tiene a su favor una economía no tan dependiente del petróleo, por lo que puede aguantar un mercado con precios bajos durante un periodo de tiempo más  largo.
  • Otros países como Venezuela, Angola y Nigeria: Allí la situación puede ser dramática si los precios no empiezan a subir este mismo año, según los analistas. Se trata de lugares donde los ingresos nacionales podrían caer entre el 50 % y el 85 %.
  • Europa: Las empresas se han blindado financieramente, pero se avecinan recortes de gastos en inversiones, sobre todo en particularmente en exploración y producción. Hay consultoras que apuntan a que sólo ek Reino Unido se perderán un tercio de los empleos en la industria de petróleo y gas (30.000 empleos).

La demanda ha cambiado mucho, además, con las necesidades de queroseno, el combustible de los aviones, sin una perspectiva de que se recupere a corto plazo debido al temor de una segunda ola de contagios. Eso afecta, sobre todo, a las refinerías, que han debido reconfigurar su producción dado el cambio de necesidades de combustible.

Con menos capacidad productiva y menores inversiones en plataformas de extracción… ¿Habrá suficiente petróleo cuando las economías se reactiven al 100%? Hemos leído comentarios de diversos analistas que  no se podrá satisfacer la demanda y auguran rápidas subidas en el próximo año. Se ha intentado almacenar… pero los lugares habilitados para ello ya están hasta los topes y se han usado incluso petroleros para esta tarea. Segúndatos de la AIE y Citigroup, en el mundo hay capacidad para 6.700 millones de barriles y ese espacio podría agotarse en junio.

Y la puntilla… la crisis de China y EE.UU.

Hay quien define a la nueva situación de las relaciones entre China y Estados Unidos como la nueva guerra fría. El país oriental lucha por convertirse en el nuevo arquitecto mundial y el aumento de las tensiones entre ambos puede generar más incertidumbre y frenar el crecimiento económico.

Además, China ha renunciado a su objetivo de crecimiento económico para 2020 debido al impacto del coronavirus. Las previsiones de demanda de petróleo se reducen… y detener más pozos podría hacer que el precio del crudo se disparase todavía más.

Fuente: BBC, El Economista, El País, Nius

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