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Intermitentes (1)
Luis Blázquez

¿Cuál fue el primer coche con intermitentes “modernos”?

A menudos olvidados, los intermitentes llevan con nosotros mucho tiempo. Mucho más del que puedes creer. Casi un siglo, para ser algo más concetos. Estos dispositivos luminosos, aunque muchos no lo crean, son enormemente útiles y necesarios en el día a día: ayudan a que el resto de los conductores sepan a dónde te vas a dirigir, sin tener ellos que imaginárselo por inspiración divina. Pero, ¿sabes cuál fue el primer coche que equipó intermitentes de la forma tal y como la conocemos?

Florence Annie Bridgwood, o Florence Lawrence en su nombre artístico, fue la primera estrella mundial de la historia del cine. De origen canadiense, era también una fanática de los coches, quien los coleccionaba, conducía y modificada. Así, en 1914, añadió un par de brazos metálicos a uno de sus vehículos que, mediante un botón, indicarían a la dirección a la que se dirigiría tras un cruce o un giro en una calle. De forma complementaria, desarrolló una señal de Stop que se desplegaba de forma automática al pisar el freno.

Este último invento fue el precursor de la luz de freno. Pero, desafortunadamente para Lawrence, no logró patentar esta creación ni la siguiente: el primer limpiaparabrisas eléctrico, que comenzó a venderse en 1917 bajo la Bridgwood Manufacturing Company. Su madre intentó remediar más tarde el descuido, pero para entonces ya era demasiado tarde; otras empresas se apresuraron a reclamar la propiedad intelectual y recibir patentes por diseños similares. Pero si bien no pudo reclamar nada, su ingenio y pasión por el automóvil eran anómalas para la época.

Florence Lawrwnce

Sin embargo, la primera señal de giro eléctrica moderna se puede atribuir a Edgar A. Walz, Jr., quien en 1925 sí que obtuvo una patente y trató de comercializarla entre los grandes fabricantes de automóviles. Lo creas o no, las marcas simplemente no estaban interesadas en la susodicha tecnología, y la patente expiró 14 años después sin ningún comprador. Por su parte, Lawrence, sin hijos ni familiares que la consolaran tras sufrir quemaduras y perder casi toda su fortuna en el Crac del 29, Lawrence se quitó la vida el 28 de diciembre de 1938.

En Occidente, la respuesta al problema de la necesidad de señalizar giros o cambios de carril, originalmente se hacía mediante señales manuales con los brazos. Más tarde, llegaron los “indicadores de semáforo”. Estos consistían en unos brazos mecánicos, conocidos como Trafficators, montados en los laterales de los coches. Estaban alimentados por electroimanes que levantan un brazo con una luz brillante (casi siempre montada en lo alto del pilar de la puerta) indicando que se estaba a punto de girar.

Buick fue el primer fabricante en ofrecer intermitentes instalados de fábrica en su serie Eight de 1939. Introducidos a finales de la década de 1930 como una característica de seguridad, las señales de giro se anunciaban como “Flash-Way Directional Signal”, una especie de intermitentes que solo funcionaba detrás, pero en 1940, Buick extendió esta característica delante, cuando integró un mecanismo de cancelación automática. Ese año, las señales direccionales fueron dotación de serie en todos los vehículos de General Motors (GM).

Los más pudientes lo recibían gratis en los modelos de Buick, Cadillac, Hudson y LaSalle, mientras que el pueblo llano se lo podía añadir como un extra opcional de 7,95 dólares (unos 125 euros actuales) en los Chevrolet, Oldsmobile y Pontiac. Para aquellos vehículos que no los equipaban, Lester Company, con sede en Illinois, ofreció un kit de intermitentes fabricados por Simplex para los modelos de 1942 al 1949, anunciando por 8,95 dólares (140 euros, aprox.), que funcionarían “como en los instalados de fábrica en los coches caros”.

Hay que matizar también que estos intermitentes eran un poco diferentes de los que conocemos hoy, ya que, en sus primeros pasos estaban colocados en el centro de la tapa del maletero, más a modo de un emblema iluminado que como parte de la configuración de las luces posteriores. Con esa ubicación, su pequeño tamaño y su proximidad entre sí, no puede decirse que fuese una oda a la legibilidad, y eso sin tener en cuenta la confusión que el resto de los conductores habría tenido al principio, cuando era algo inédito.

Los primeros controles para manejar el sistema estaban en un interruptor a modo de palanca, como los que tenemos aún hoy en día. Bien, el caso del Buick Eight de 1939, la palanca de la caja de cambios –de tres velocidades– se colocaba en la columna de la dirección, mientras que los mandos del Flash-Way consistían en un pequeño interruptor de tres posiciones en el conjunto del brazo del cambio, lo que puede sonar extraño al principio, pero piénsalo, tu mano estará a menudo cerca, algo que sí tiene algo de sentido.

Haciendo un salto temporal a la actualidad, la tecnología de los diodos emisores de luz, también llamados LED, para las señales luminosas surgió en la década de los 80. Debido a que tales luces no dependen del color de la lente, emiten los verdaderos tonos de ámbar y de rojo, y se pueden usar cubiertas transparentes. Si bien aún no ha sucedido, es posible que no pase mucho tiempo antes de que las clásicas bombillas de filamento se hayan eliminado al 100 % de la gama de todos los fabricantes de coches.

Aunque la tecnología básica del intermitente no ha cambiado en años, las próximas mejoras se podrían centrar en una mayor resistencia y durabilidad para las piezas, una luz que se enciende y se apaga de forma predictiva (antes de que hayamos comenzado a girar) o cambiar el color de las flechas. Pero son detalles, y mientras estas nuevas (y más) funciones vayan aterrizando en nuestros coches, lo mejor es que todos aprendamos a usar correctamente la tecnología manual: estirar el dedo y darle a la palanquita.

Fuente: Historic Vehicle Association, Jalopnik

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