Para gustos los colores” y esto se aplica también al mundo del automóvil. Por eso la mayoría de modelos del mercado se ofrecen con una extensa paleta de colores, entre los que el usuario puede elegir. Excepto en un país. Turkmenistán ha declarado la guerra a los coches negros, llegando al punto de haberlos prohibido por completo desde la entrada del actual año 2018. Una genial idea de su presidente.

Para quien no lo sepa, Turkmenistán es un país situado en Asia Central que cuenta con un régimen totalitario desde su salida de la Unión Soviética. Gurbanguly Berdimuhamedow es su ‘presidente vitalicio’, un líder excéntrico y con una enorme fortuna en una nación en la que el pueblo tiene una salario mensual medio de apenas 250 euros. Y la prohibición del color negro en los coches es una decisión personal sin demasiados argumentos.

Al parecer, en Turkmenistán el color blanco simboliza la buena suerte y es el preferido por el presidente y su gobierno. De este color lucen sus edificios de mármol y sus desproporcionadas estatuas. Por lo tanto, el negro viene a significar lo contrario para ellos y no podía permitirlo. De hecho, la medida ha sido tomada a cabo de forma unilateral, obligando a repintar todos los vehículos negros a unos precios que pueden superar los 2.000 euros si esperan más de una semana y que quedan fuera del alcance del pueblo.

Este disparate se remonta al año 2015, cuando se empezó a no importar coches de este color. Desde entonces tampoco se permite la importación de coupés y vehículos de lujo (aunque el presidente tenga un Bugatti Veyron con los colores de la bandera del país), las placas de matrícula personalizadas o los cristales tintados. Hipocresía para un país que vive una gran crisis económica, con escasez de productos de alimentación básicos y limitación para sacar dinero en sus cajeros.

Fuente – The Diplomat

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