Esta semana, la Fórmula 1 ha perdido a uno de sus miembros más ilustres. Sid Watkins, el que fue médico oficial de la competición desde finales de la década de los 70, ha fallecido a los 84 años de edad. Británico de nacimiento y neurocirujano de profesión, Watkins se incorporó a la Fórmula 1 en 1978, a petición personal de Bernie Ecclestone, quien le firmó un contrato con un sueldo de 36.000 libras anuales por sus servicios en las 16 carreras del calendario. Aunque el sueldo era elevado, Watkins perdió dinero, y es que de su bolsillo debía costear los desplazamientos y las estancias.

Su labor en la Formula 1 ha conseguido mejorar los parámetros de seguridad gracias a la introducción de cambios que le han salvado la vida de muchos pilotos. Tras el accidente que le costó la vida a Ronnie Peterson logró que el helicóptero de rescate estuviera presente en el circuito durante todo el fin de semana de competición y no solo el día de la carrera, como sucedía hasta entonces. Además, consiguió que se instalaran infraestructuras adecuadas para la atención de pilotos, después que, según contara, tuviera que matar las moscas que había en una cabaña en Argentina que hacía las veces de centro médico para los pilotos. También logró que las protecciones de los circuitos fueran recubiertas con poliestireno, además del acondicionamiento del coche médico, que hasta su llegada era un turismo familiar sin asientos traseros del que en una ocasión salió disparado su anestesista. A su vez, se preocupó de la seguridad en los vehículos y en el equipamiento de los pilotos. Suya fue la idea de de colocar almohadillas en el cuello, reforzar el chasis, las carrocerías y los cinturones de seguridad.

El doctor Watkins con Schumacher

Tal era era su compromiso que en alguna ocasión su estado físico se vio comprometido, como sucedió en 1982, cuando sufrió quemaduras graves en las manos al intentar salvar la vida a Peletti, quien finalmente falleció.

Uno de los momentos más trágicos de su carrera aconteció en el accidente de Gilles Villeneuve en Zolder. Entubó al piloto en la pista consiguiendo mantenerlo con vida, pero tras llegar al hospital, una radiografía reveló una lesión de cuello insalvable. Tuvo que comunicarle personalmente a Johanna, la esposa de Villeneuve, que no quedaba más remedio que desconectar al piloto y dejarle morir.

  • Ayrton Senna, una relación de amistad

Con Ayrton Senna tuvo una relación especial desconocida para el gran público, que empezó nada más comenzar la trayectoria del talento brasileño en la competición. Senna sufrió una parálisis de Bell, una lesión que le paralizó parte de la cara y le impedía parpadear. Cuando Lotus le pidió consejo, Watkins bromeó: “¿No sería mejor si los pilotos pudieran mantener los ojos siempre abiertos?”. Tras un tratamiento con inyecciones de antiinflamatorios, la lesión de Senna desapareció.

Ayrton Senna con Watkins

También se mantuvo al lado del brasileño en el Gran Premio de Sudáfrica de 1984, cuando Senna tuvo que ser hospitalizado aquejado de fuertes dolores en el cuello y la columna. La tragedia, sin embargo, fue lo que más les unió. Durante el Gran Premio de España de 1990 Senna acudió corriendo al lado de Watkins, el cual se encontraba atendiendo al piloto Martin Donelly, que había sufrido un grave accidente cuyas consecuencias le obligaron a retirarse de la competición debido a las lesiones de espalda. Dos años después, en 1992, se cambiaron las tornas. En esta ocasión fue Watkins quien tuvo que correr hacia Senna, que se encontraba de rodillas en el suelo sujetando el cuello de Erik Comas, gravemente herido. “He sostenido el cuello de la manera que te vi hacerlo a ti para que no sufriera más daños. Es absolutamente maravilloso”, le dijo Watkins.

Como no podía ser de otroa forma, estuvieron juntos hasta el último instante del trágico fin de semana del tristemente inolvidable Gran Premio de Imola de 1994, donde el piloto brasileño falleció. En los entrenamientos libres, Watkins le había salvado la vida a un joven Rubens Barrichello, pero no pudo hacer lo mismo con el austriaco Ratzengerger. Momentos antes de la carrera, Watkins y Senna cruzaron unas palabras que resultaron ser proféticas: “Has sido campeón en tres ocasiones, eres el hombre más rápido del mundo y no tienes nada que demostrar. ¿Por qué no lo dejas y nos vamos a pescar?”, preguntó Watkins. Senna contestó: “Sid, hay algunas cosas sobre las cuales los pilotos no tenemos control. No puedo abandonar. Debo continuar…”. Tras el fallecimiento del genial piloto brasileño, Watkins confesó: “No soy una persona religiosa, pero cuando Ayrton expiró, sentí que su alma salía de su cuerpo”.

A raíz de la muerte de Senna, Max Mosley autorizó a Watkins a hacer todos los cambios que fueran necesarios para implementar los parámetros de seguridad. Después de aquello, Watkins salvó la vida de varios pilotos, entre ellos la de Mika Häkkinen, al que le realizó una traqueotomía y dos masajes cardíacos junto al muro de choque del circuito de Adelaida, en 1995, pero logró que Senna fuera el último piloto fallecido en la Fórmula 1.

En 2005, Watkins se retiró y en 2011 abandonó la Presidencia del Comité de Seguridad de la FIA. Ahora, se ha marchado para siempre, dejando tras de sí el agradecimiento de muchos pilotos a los que les devolvió la vida y de otros tantos que no sufrirán mortales consecuencias gracias al impagable trabajo del desde ahora eterno médico de la Fórmula 1.

Vía: Autobild

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