“Tierra trágame”, fue lo que debió pensar el vicepresidente de General Motors, Mark Reuss, después de estrellar el safety car de la IndyCar en Detroit antes de dar comienzo a la segunda carrera del campeonato y obstruyendo así la vuelta de calentamiento de los participantes.

El coche en cuestión, hemos de reconocer que es (o era) una auténtica bestia. Nada menos que un Chevrolet Corvette ZR1Equipado con un motor V8 de 6.2 litros, desarrolla 765 CV de potencia y es capaz de alcanzar una velocidad máxima de 341 km/h.

Ante tales prestaciones, perder el control con el coche es algo bastante probable si al volante no va un experto en la conducción de este tipo de supercoches.

Pero lejos de reconocer responsabilidades sobre los hechos, desde Chevrolet emitieron un comunicado en el que agradecían el hecho de no tener que lamentar heridos y echando la culpa de lo sucedido a factores varios como las condiciones de la pista y la meteorología. Llamadnos desconfiados, pero, el conductor también tendría algo que ver, ¿no?

Fuente: Jalopnik 

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