¿Es viable aunar ecología y seguridad? Hemos de contestar afirmativamente, ya que con una utilización selectiva y organizada de la sal se consigue disminuir su impacto. Además, en determinados casos, es posible sustituirla por otras sustancias alternativas.

Según un estudio llevado a cabo por el Ministerio de Medio Ambiente canadiense en el año 2.000, las consecuencias de su utilización son muy variadas: daños graves en árboles y plantas hasta una distancia de 200 metros de las carreteras tratadas con sal, disminución de la vida salvaje al contar con menos recursos naturales, incremento de la toxicidad en sangre y tejidos de diversos animales que ingieren el agua salada o aumento de accidentes provocados por animales como ciervos, alces o pájaros que invaden las carreteras al ser atraídos por la sal. Incluso, en concentraciones elevadas, la sal puede incrementar la acidez del agua y provocar efectos similares a los de la lluvia ácida.

En lo que a las consecuencias económicas respecta, las propiedades corrosivas de la sal aceleran el proceso de oxidación de la chapa y los bajos de los automóviles, con lo que sus propietarios han de invertir más en el mantenimiento de los mismos o en la instalación de sistemas anticorrosión. Además, la unión de la sal, el hielo y el paso de las máquinas quitanieves puede provocar baches y agujeros que deterioren el asfalto de calles y carreteras.

Sal lista para su utilización
Sal lista para su utilización

También provoca daños en la salud, ya que reduce la capacidad natural de la vegetación de absorber elementos contaminantes, y por ende la calidad del agua utilizada para consumo humano. Algunos expertos aseguran que el principal problema es el cambio de sabor, aunque estudios realizados por el Consejo de Investigación Nacional (NRC) de EE.UU. advierten de los riesgos del aumento de la salinidad en el agua para las personas hipertensas.

¿Existen alternativas a la sal?

Cabe reseñar que, como en otros muchos aspectos, no por utilizar mucha cantidad de sal se acaba antes con la nieve, por tanto, una primera medida sería la utilización de la misma de una manera selectiva. Por ejemplo, en los países que están más acostumbrados a este tipo de inclemencias, sustituyen la sal por salmuera (sal disuelta en agua) y la mezclan con arena, para aumentar el agarre, sin necesidad de contaminar más.

Máquina quitanieves esparciendo fundentes
Máquina quitanieves esparciendo fundentes

También se utilizan diferentes mixturas, como la sal con cloruro potásico o salmuera con cloruro cálcico. Una técnica muy utilizada en los aeropuertos, para evitar la corrosión en los aviones, es el empleo de urea, aunque su alto poder nutriente puede producir problemas de eutrofización (una abundancia anormalmente alta de nutrientes que hace inviable la existencia de la mayoría de las especies que previamente formaban dicho ecosistema).

Diversas investigaciones llevadas a cabo en universidades americanas (no podía ser de otra forma…) indican que el acetato de calcio-magnesio es la alternativa con menos consecuencias negativas. Es un material sólido que se disuelve en agua y que además de ser relativamente inocuo para plantas y animales, no corroe el metal ni daña las carreteras. Otra sustancia de las mismas características es el acetato de potasio, que sirve de base para anticongelantes comerciales libres de cloro. ¿Cuál es el problema entonces? Pues el mismo de siempre: su coste, que es 20 veces superior al de la sal.

No obstante estas sustancias no son la “panacea universal”, y su efectividad, al igual que la de la sal, es inferior cuando la acumulación de nieve es muy grande. Por ello, antes de utilizarlas, es preferible el uso previo de máquinas quitanieves para acelerar el proceso.

Vía  | Eroski Consumer

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