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Luna delantera – Parabrisas coche roto 6
Luis Blázquez

¿Cuándo cambiar las lunas del coche? ¿Por qué?

Las lunas del coche son una pieza muy importante. Sin ellas, conducir sería francamente peligroso, y además estarías comiendo multitud bichos. Los parabrisas te protegen del viento, la lluvia, las rocas y todos los demás escombros que pueden entrar volando al habitáculo, por lo que no es recomendable jugársela con un parabrisas que esté dañado. De hacerlo, arriesgas tu propia seguridad y la de todos los demás que vayan a bordo.

Pero, ¿cuál sabe la diferencia entre la necesidad de instalar un parabrisas nuevo y una simple reparación? Cuando surge un acertijo de este tipo, siempre es ideal mostrar el daño a un experto en lunas de coches, ya que son los que están capacitados para aconsejarte cuando necesites reparar o reemplazar el parabrisas. ¿Ha notado algún daño en el tuyo? Si es así, continúa leyendo para determinar con tus propios ojos (antes de consultar a un profesional) si lo que necesitas es un arreglo o una sustitución completa.

¿De qué están hechas las lunas del coche?

Primero de todo, conviene saber de qué está hecha una luna. El vidrio automotriz, o parabrisas, o luna delantera, a veces también se le denomina “cristal de seguridad”. Esto se debe a que en realidad no se trata de una sola pieza, sino de dos piezas con una capa de plástico laminado en el medio. Si un objeto golpea contra el parabrisas, este diseño hace que se rompa en pedazos mucho más pequeños y evita que se descomponga en trozos mucho más grandes y peligrosos.

Fue poco después de la invención del automóvil cuando ya se comenzaron a usar lunas de cristal templado. Frente los cristales tradicionales, reducían considerablemente el riesgo de roturas y permitían una mayor visibilidad. Sin embargo, no fue hasta la década de los 80 cuando se obligó a los fabricantes a equipar sus vehículos con las actuales lunas delanteras laminadas, fabricadas como hemos dicho alternando de capas de cristal y polivinilo butiral con el fin de multiplicar por 10 veces la resistencia del cristal templado y hacerlo mucho más seguro.

El resto de los cristales del coche son mucho más delgados y frágiles (vidrio templado), aunque existen otros muchos tipos con múltiples aplicaciones en función de las necesidades requeridas, tales como los vidrios tintados, eletrocrómicos (se aclara u oscurece en función de la intensidad de la luz), térmicos (calefactable), atérmicos (absorbe la radiación solar y reduce el consumo de la climatización), con head-up display (presenta información al conductor), acústico (varias capas de cristal y plástico que aíslan del ruido), etc.

¿Qué señales indican que debemos o reparar cambiar las lunas del coche?

El daño al parabrisas de un vehículo puede provenir de una variedad de fuentes, pero no todos los daños son iguales. El causado por algo como una pequeña piedra o algo como colisionar con un animal puede tener un impacto muy diferente (sin juego de palabras) en el parabrisas. Pero para el caso, podemos distinguir entre cuatro tipo de daños:

Fisuras: Es una pequeña imperfección que se produce cuando un objeto impacta y rompe una parte de la primera capa de cristal, también conocida como “chinazo”. Por lo general, se puede reparar si es pequeña. Sin embargo, si la fisura es lo suficientemente profunda como para penetrar la capa interna de plástico, es posible que lo que necesites sea un reemplazo. Si bien las pequeñas virutas por sí solas pueden no ser una gran preocupación, a menudo pueden ser la semilla de la que crecen las grietas.

Grietas: A diferencia de una fisura, una grieta se distingue porque es una línea donde una sola pieza de vidrio ha comenzado a separarse por completo. Si bien estos pueden comenzar siendo pequeños, pueden (y generalmente lo hacen) crecer con el tiempo. Ya sea que el parabrisas esté expuesto a los rayos del sol o conduzcas a través del aire helado, los bruscos cambios en las temperatura pueden hacer que se expanda y contraiga, haciendo que se extienda gradualmente. Lo mismo ocurre con las irregularidades de la calzada combinadas con la velocidad.

Rayaduras: Muchas veces, con un uso intensivo o continuado del coche, acaban apareciendo algunas pequeñas marcas que, cuando se juntan, dificultan y limitan la visibilidad, algo especialmente molesto en días de lluvia o cuando los reflejos del sol inciden directamente en dichas zonas de la luna. El ejemplo más gráfico lo podemos encontrar en las pantallas de los móviles cuando se ven que ya están algo más sufridas. Para este caso, lo mejor es acudir a un taller de confianza para reparar la luna.

Laminado despegado: No suele ser un fallo común, pero tampoco es un imposible. Fíjate en los bordes de la luna. Si ves humedad, es porque el laminado del parabrisas no está correctamente fijado, lo que provoca que el cristal se empañe y se extienda rápidamente por toda la superficie.

De todas formas, cabe destacar que un coche en buenas condiciones no tendría que necesitar obligatoriamente un cambio de lunas durante su vida útil, pues no sufren el desgaste programado de otros componentes como bien pueden ser los neumáticos, la batería, el aceite o el embrague, entre otros muchos componentes del vehículo. Por el contrario, ante el menor signo de daño, es importante actuar para evitar que una pequeña fisura se convierta en algo irreparable y nos obligue a realizar la sustitución de la luna.

¿Cuál es la diferencia entre una leve fisura y un impacto de importancia?

Los daños menores en el parabrisas, normalmente, se presentan en forma de fisuras y grietas. Cuando un daño es leve, generalmente, queda marcado en el parabrisas. Este punto de impacto puede tener la forma de una estrella (pequeñas grietas que se forman hacia afuera desde el centro), una diana (múltiples círculos), una diana parcial (forma de media luna), una grieta (de menos de 16 mm) o un hoyo (como una gubia). Las fisuras crean una línea distintiva en el vidrio que puede variar desde unos pocos milímetros a todo el ancho de la luna.

En líneas generales, diferenciar entre un golpe menor que pude ser reparado y un impacto de importancia viene determinado por el tamaño del daño causado. Los especialistas consideran que una fisura inferior a los 16 milímetros o un impacto por debajo del diámetro de una moneda de dos euros –fuera del campo de visión directa del conductor– puede repararse sin necesidad de sustituir la luna. Para ello, se rellena la fisura o grieta con materiales adhesivos específicos y luz ultravioleta, consiguiendo un resultado como recién salido de fábrica.

Si se superan están cotas, las solución más recomendable y sencilla es la sustitución total de la luna. Además, si tienes varios golpes en el cristal y/o fisuras a menos de seis centímetros de los bordes, tampoco deberías repararla. De todas formas, lo más recomendable es acudir a un taller especializado para que un profesional pueda valorar la situación y ofrecer la solución óptima.

¿Se puede pasar la ITV con las lunas dañadas?

Independientemente del tipo, los daños a un parabrisas son graves y deben abordarse lo antes posible. Las lunas del coche pueden parecer una característica de seguridad mundana, pero son increíblemente importantes. Un parabrisas dañado pierde su capacidad de resistir el impacto de un objeto y puede convertirse en una gran obstrucción visual. De hecho, incluso puede errar en la ITV si la instalación se considera con que la obstrucción de los daños es lo suficientemente mala.

Este es el caso cuando el cristal cuenta con alguna rayadura, porosidad, ojo de buey (hendidura redonda), despegado del laminado o marca en forma de media luna. La ITV emitirá un veredicto favorable si no interrumpe el campo de visión directa del conductor. Porque si bien una pequeña fisura o grieta puede no parecer un gran problema al principio, rara vez se quedan así. Cuanto más se esparcen, más débil se vuelve la luna, lo que aumenta la probabilidad de que falle por completo y se convierta en un verdadero peligro para la conducción.

Fuente: Motor.es

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