En ocasiones no tenemos en cuenta los pequeños detalles. Una válvula de neumático puede parecer la típica cosa en la que no caes hasta que tienes que cambiar la rueda al completo, al igual que no darle importancia a cómo coger volante, ya que podrías tatuarte el logo de tu coche en el brazo en un desafortunado instante. Sin embargo, son estos los pequeños detalles que pueden cambiarte la vida.

Muchos pueden considerar que el mantenimiento del coche es, simplemente, pasar la revisión anual en el taller y la ITV sin faltas graves. Pero nada más lejos de la realidad, hay muchas pequeñas cosas que dependen de nosotros mismos y que afectan a la integridad del vehículo y sus ocupantes. Es un hecho que no son la mayoría quienes se preocupan de todo lo que atañe a la rueda, a pesar de que es el único elemento de contacto entre la máquina y el suelo.

¿Qué es una válvula de neumático?

Comúnmente conocida como válvula de neumático, el término exacto es válvula Schrader o válvula americana, ya que el diseño original fue patentado en Estados Unidos en 1893 por la compañía de nombre homónimo. Desde entonces, se ha empleado, prácticamente, en todas las ruedas envueltas en un neumático. Está formada por tres partes: un cuerpo de goma o metálico, un tubo metálico con una rosca interior y una tuerca que evita la entrada de suciedad.

Dada la estrecha relación entre la seguridad y los neumáticos, es importante destacar que las válvulas están sometidas a un gran esfuerzo. Una válvula es responsable de mantener la presión de aire en su interior. Sin una de ellas está defectuosa o rota, el aire se escapará lentamente del vástago causando una pérdida de presión. Un juego de gomas desequilibrado, en lo que se refiere a la presión, es extremadamente peligroso cuando se conduce a velocidades de autovía.

El vástago es la parte de la válvula ubicada en la rueda desde donde se infla el neumático. Contienen un núcleo de válvula con un resorte que se sella usando la presión de aire dentro de la goma. Si la estructura está dañada –puede doblarse momentáneamente hasta 30 grados–, su deformación puede causar una pérdida de estanqueidad en el neumático. En el mejor de los casos, una válvula en mal estado puede disminuir su presión de 0,2 a 0,7 bares semanales.

Un nivel de presión demasiado bajo en el neumático puede acabar derivando en problemas desagradables. Por ejemplo, la distancia de frenado se incrementa sensiblemente, hasta un 20% en una superficie mojada, lo que supone un riesgo de perder el control del vehículo o de provocar daños a la integridad de la estructura de la rueda. A nivel económico, el desgaste de los neumáticos, de los sistemas de suspensión y de freno también aumenta.

Si un neumático tiene una fuga de aire lenta y no puedes entender por qué, podría ser el momento de reparar la válvula del neumático; eso en caso de no haber llegado la noticia en forma de reventón en carretera. Reemplazar o reparar una válvula de neumático es económico, rápido y fácil. Hacer el trabajo en un taller especializado puede costar entre 15 y 30 euros por unidad, pero puedes hacerlo tú mismo en unos pocos minutos y por menos de cinco euros.

¿Cuándo es momento de reemplazar la válvula de un neumático?

Como todo, la válvula se deteriora con el uso y el tiempo. Eso quiere decir que es importante cambiarla cada cierto tiempo, ya sea cada vez que cambiemos los neumáticos o tengamos que reparar alguna de las llantas del coche. El tipo de válvula de cada vehículo (también se engloba a los camiones, autobuses, motos y bicicletas) varía conforme a tres factores principales: la presión requerida, las condiciones de manejo y las características de la llanta.

Si desconoces cuando es recomendable cambiar la válvula de un neumático, es porque no hay una fecha de caducidad exacta. En general, el mejor momento para sustituir las válvulas de los neumáticos es cuando toca el cambio estacionario (de verano a invierno y viceversa). Aquellas que están hechas de metal pueden durar un par de temporadas, mientras que las de plástico es aconsejable hacerlo cada seis meses.

¿Puedo reparar una válvula en vez de cambiarla? Grosso modo, sí, se puede. Pero la reparación de una válvula es posible a medias, pues se puede sustituir el obús interno en caso de que este sea el causante de la pérdida de presión en el neumático. Sin embargo, debido a su bajo coste y que en los cambios de neumáticos ya se tiene en cuenta en el precio, es recomendable en caso de duda que dicha válvula sea sustituida por completo.

¿Cómo reemplazo una válvula de neumático?

En la mayoría de los casos, la forma más rápida de reemplazar un vástago de válvula es llevarlo a un taller o tienda especializada en neumáticos. En este caso, el proceso es sencillo: rueda fuera del coche (es lo más recomendable) y reemplazar el vástago con la ayuda de una herramienta específica. Sin embargo, en los casos en que esto no sea una opción, también podemos hacerlo nosotros mismos. No es lo más cómodo, pero siempre se aprende más y se ahorra algo de dinero.

Veamos paso a paso qué podríamos hacer para reemplazar con nuestras propias manos la válvula de un neumático. Primero de todo, tendrás que echar mano del gato para levantar el coche hasta que la rueda afectada quede suspendida en el aire. Afloja las turcas –no te olvides de poner el freno de mano– y saca la rueda. Como dicta el sentido común, hay que apoyarla en el suelo con la parte exterior de la llanta mirando hacia arriba.

Antes de comenzar con la sustitución propiamente dicha, es importante observar el orificio en la llanta en busca de mellas o corrosión. Cualquiera de estos problemas podría dañar la nueva válvula y evitar un sellado sin fugas. Desenrosca la tapa la válvula y comprueba si hay alguna fuga: usando la yema de los dedos, puedes aplicar un poco de agua jabonosa en el extremo de la válvula. Si se forman burbujas, existe una fuga.

Una vez quede claro que la válvula es el problema, hay que desinflar el neumático. Una vez que se ha quedado sin aire (presionando el cilindro central de la válvula con un destornillador o similar), es necesaria una herramienta para extraer el núcleo del vástago de la válvula y desenroscarla. Hay bastante presión en el neumático, así que prepárate para estar un rato presionando.

El neumático debe estar completamente desinflado antes de quitar el vástago viejo. Cualquier presión dentro del neumático causará que el núcleo salga disparado, lo que podría causar daños corporales. Es una buena idea usar gafas de seguridad, por si acaso, así como unos guantes para evitar ensuciarse demasiado las manos y evitar que se te queden congeladas mientras le extraes todo el aire del interior.

Con el extremo cónico de la herramienta del núcleo de la válvula, limpia el vástago de la válvula. Asegurarse de mantener la abertura limpia de suciedad evita posibles obstrucciones dentro del neumático. El diámetro del vástago aumenta cuanto más se acerca a su base, y hay dos anillos en él en su parte más ancha. El primero de ellos tiene que verse a través del orificio en la rueda, mientras que el anillo inferior debe asentarse firmemente contra el interior de la rueda.

Una vez que el vástago de la válvula esté correctamente asentado en la rueda, presiona la parte inferior mientras giras la herramienta en sentido antihorario para desenroscarla. Una vez hecho esto, presiona el vástago de la válvula y muévelo con los dedos. Luego, bien con unos alicates o un gancho delgado, aprieta la válvula propiamente dicha y extráela. Es probable que tengas que ejercer bastante fuerza para ello.

Instala el nuevo núcleo con la herramienta del vástago de la válvula. El mismo extremo de la herramienta que se utilizó para eliminar el núcleo antiguo se debe utilizar para instalar el nuevo. Aprieta la nueva válvula con la mano, pero asegúrate de no apretarla demasiado o podrías echar a perder toda la reparación, lo que obligaría a la nueva válvula a tener fugas. Una vez instalada, vuelve a inflar el neumático y reemplaza la tapa de la válvula.

A través de estos sencillos pasos y unos pocos minutos, puedes reemplazar con éxito la válvula de un neumático. Pero si bien no eres un manitas o no te apetece hacerlo por tu cuenta, un taller puede liberarte del trabajo a un coste lejano de ser desmesurado. Si tu coche equipa un sistema de control de presión (TPMS, por sus siglas en inglés), te advertirá de una pérdida de presión en tiempo real a través de un indicador luminoso en el cuadro de instrumentos. Este sistema es obligatorio en Europa para todos los coches nuevos desde el 1 de noviembre del 2012.

Fuente: WikiHow, Oponeo

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