Hay quienes buscan deportividad. Otros valoran más la seguridad. Algunos prefieren defenderse por el campo con garantías. También hay quienes necesitan un vehículo cómodo y, por su puesto, quién no quiere que su coche sea económico de adquirir y de mantener. El Africar quería aunar muchos de estos requisitos en un solo conjunto, especialmente estos dos últimos. Un coche diseñado para África.

El Africar, o también llamado “Car for Africa”, fue idea del inglés Tony Howarth, ingeniero titulado en la Universidad de Cabridge, hombre de negocios y apasionado del cine y la fotografía. Tomando la idea del Citroën Mehari, Howarth quiso diseñar un vehículo económico y apto para el continente africano, fácil de conducir, de reparar y duraderos durante décadas. Pero a diferencia del modelo francés, con el que compartiría muchas de estas características, el Africar maximizaría aún más las cualidades para ser el automóvil perfecto.

Africar International Limited se creó en 1986 para fabricar y vender los vehículos. Con sede en Lancaster, Inglaterra, tenía la intención de ofrecer una amplia variedad de vehículos, desde un modelo con tracción en las cuatro ruedas hasta un camión con tracción en las ocho. Hubo un interés considerable en los vehículos y su potencial, tanto de las empresas que vieron las posibilidades comerciales del proyecto como de los usuarios que apreciaron las capacidades de los vehículos. Sin embargo, solo seis Africar llegaron a la producción.

La premisa era crear un vehículo con láminas de madera contrachapada que estuvieran saturadas de resina, combinando así resistencia, bajos costos de herramientas y facilidad de ensamblaje. Con un diseño modular, se pueden agregar ejes, extender la cabina o la caja posterior y adaptarse a las necesidades de cualquier cliente. Tendría una gran distancia al suelo, un largo recorrido de la rueda, una separación de ejes ancha para que coincidiese con las grandes huellas de los camiones, un motor refrigerado por aire, etc.

En cierto sentido, Howarth tenía en mente algo como el Ford Model T cuando creó el Africar. Debía ser de doble tracción para evitar el gasto y la complicación de un sistema de tracción integral, aunque también se planificaron versiones de cuatro ruedas motrices. Debía construirse alrededor de un chasis extruido de tubos de CNC. El material elegido para la estructura era el acero inoxidable, para que el vehículo estuviera realmente “libre de óxido”. Ese metal sería arenado para que no necesitara pintura o recubrimiento en polvo.

A pesar de la intención inicial de adoptar la madera contrachapada para fabricar los paneles de la carrocería, también podían hacerse de una gran variedad de materiales, como láminas de aluminio, de acero inoxidable o algún tipo de plástico. Howarth pensó que el agricultor indígena no estaba interesado en elegantes adornos cromados, asientos de cuero o el equipo de música, sino en algo robusto, barato y práctico para llevar sus productos al mercado o a ellos mismos y a sus familias al poblado más cercano.

Todo muy diferente de las opciones de Land Rover, Toyota y fabricantes estadounidenses que los africanos se vieron obligados a adoptar, pero que se rompían o se oxidaban antes de que incluso se pagara el último plazo del préstamo. Utilizando la estrategia probada de Colin Chapman (fundador de Lotus) de organizar partes incompletas en un almacén y tomar fotos de los dos empleados y media docena de “extras” de pie como si estuvieran trabajando, las fotos promocionales obtuvieron una buena cantidad de atención en Reino Unido.

En el primer paso hacia la promoción del modelo se completaron tres versiones: una carrocería cerrada de cuatro puertas, una camioneta biplaza y una vertiente de seis ruedas. El trío fue llevado en 1984 en una expedición desde Noruega, hasta Ecuador, y el viaje fue grabado en seis documentales emitidos en mayo de 1987 por el Canal 4 británico. Las películas, todas producidas por Howarth, contaron la historia de cómo los coches fueron conducidos hasta el Círculo Polar Ártico, y luego, sin razón, se dirigieron hacia el sur hasta llegar al ecuador cuatro meses después.

Otra faceta inquietante de las filmaciones fueron las declaraciones acerca de sus prestaciones. El rendimiento, la robustez y los bajos costos del coche parecían demasiado buenos para ser verdad. Se tomaron depósitos para comenzar la fabricación a gran escala. A los clientes, muchos de los cuales habían visto los programas del Canal 4, se les hizo creer que les entregarían los vehículos. La fecha de entrega fue aplazándose y los inversores comenzaron la retirada.

En febrero de 1988, Howarth tenía la intención de recaudar alrededor de 5 millones de libras (5,94 millones de euros de la época y unos 15 millones de 2019) al convertir Africar UK Limited en una sociedad anónima y ofrecer acciones al público. Finalmente, en verano la empresa no podía hacer frente a los salarios del personal. El 18 julio, oficiales de la policía de Lancashire, donde se encontraba la fábrica de Africar, confiscaron los documentos.

Howarth, en ese momento, estaba en Estados Unidos tratando de recaudar más inversiones. Permaneció fuera de la jurisdicción de Reino Unido hasta que fue arrestado en 1994 y acusado de fraude y obtención de propiedades por engaño. Se hicieron promesas sobre ventas globales y los derechos de fabricación del tercer mundo, pero la compañía fracasó después de gastar sus fondos en un motor y una caja de cambios de desarrollo propio. Howarth se declaró culpable y fue sentenciado a 15 meses de prisión.

Si hubiera seguido usando los motores y las transmisiones de origen Citroën y hubiera comenzado la fabricación a pequeña escala del Africar, podría haber logrado mantener ingresos suficientes y haber obtenido una inversión más significativa para la fabricación a gran escala. Sin embargo, Howarth entendió que depender de la casa de los dios chevrones era arriesgado. Defendía que los trenes motrices quedarían obsoletos y se enfrentarían a la obsolescencia programada, algo que el ingeniero británico no concebía.

En momento presente, más de 30 años después de mostrar la idea, el Africar está tristemente muerto, como el sueño cumplido de un automóvil para África. Afortunadamente, aunque el concepto de Howarth ya no está en desarrollo per sé, otros se han inspirado en su búsqueda para crear un vehículo apto para el continente africano y se han embarcado en convertir esa visión en una realidad. El Mobius de Kenia es un ejemplo de ello. Y es que hay partes del mundo que necesitan un coche como este.

Fuente: Silodrome
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