La seguridad de un coche siempre es un tema candente, pero, ¿cómo se juzga realmente cuán seguro es un automóvil? Cuando llega el momento de comprar un vehículo nuevo, todos tenemos nuestras prioridades. Algunos ponderan más el carácter dinámico de un deportivo, mientras que otros podrán decantarse por la comodidad de un habitáculo espacioso o las habilidades campestres de un todoterreno. Sin embargo, la seguridad no debería ser un opcional, sino una prioridad.

Viajar en coche ahora es más fácil y seguro que nunca. Desde el primero que fuese lanzado a los caminos a finales del siglo XVIII hasta el más moderno, la tecnología ha evolucionado y ha hecho que sea mucho menos probable tener un accidente y, de tenerlo, minimizar sustancialmente los daños. Si bien aún puede ocurrir un choque, el riesgo de lesiones graves es mucho menor de lo que solía ser gracias a la introducción de múltiples características de seguridad.

Las características de seguridad en los coches mejoran exponencialmente. Por ejemplo, en 2004, la calificación promedio en este aspecto –en vehículos nuevos– fue de 4 estrellas y aumentó a 4,5 en 2009. Cuanto más reciente sea el coche, mucho mejor funciona ante impactos. En un fuerte incidente, un coche fabricado en la primera década del 2000 tiene, de promedio, un 45% menos de probabilidades de generar lesiones severas a sus ocupantes que aquellos fabricados en los 80.

El amplio abanico de elementos que conforman la seguridad del coche se divide, principalmente, en dos categorías: seguridad activa y seguridad pasiva. La primera de ellas hace referencia a la propia capacidad del vehículo para evitar una colisión, mientras que la segunda redunda en aquellos aspectos de la máquina que se encargan de proteger a sus ocupantes tras un accidente. Así, el ABS es un elemento de seguridad activa, mientras que el airbag es una característica pasiva.

Seguridad activa

La seguridad activa tiende a ser la menos comprendida entre los usuarios y, por tanto, tendente a ser pasada por alto. Gracias a instituciones como la EuroNCAP, cada vez son más los coches equipados con numerosos sistemas de asistencia al conductor que minimizan el riesgo humano. En los tiempos que corren, ¿qué coche vendido en Europa no cuenta varios airbag, ABS o ESP? ¿Y cuántas veces te han podido salvar estos dispositivos de un desenlace poco alentador?

Estos sistemas pueden hacer que el automóvil sea más predecible en su comportamiento, reducir la velocidad ligeramente para permitir que los neumáticos mantengan el agarre, incluso aplicar diferentes niveles de potencia de frenado a cada rueda para mantener el coche equilibrado. Todas estas cosas (desglosadas bajo estas líneas) hacen que sea más fácil para el conductor mantener el control y, por lo tanto, hacen menos probable que sufra un accidente.

Frenos antibloqueo (ABS). El ABS no solo ayuda a reducir la distancia de las detenciones, también evita que los frenos se bloqueen cuando el pedal es pisado con fuerza, otorgando la capacidad de manejar la dirección en lugar de deslizarte por el suelo sin remedio. Este componente se convirtió es una característica común a partir de los 90, y desde 2003 es obligatorio en todos los vehículos nuevos comercializados en Europa.

Control electrónico de estabilidad (ESC). Otros acrónimos utilizados por los fabricantes incluyen ASC, DSC, DTSC, ESP, VDC, VSA y VSC. Cada software puede tener un método de operación sutilmente diferente, pero todos tienen el mismo propósito: mantener el coche en el camino previsto en caso de que las ruedas pierdan agarre. Para ello, la electrónica opera sobre la entrega de potencia del motor y sobre los frenos de forma individual.

Control de tracción (TCS). El control de tracción evita las pérdidas de adherencia de las ruedas motrices. Se activa cuando el par motor y la presión que se ejerce sobre el acelerador no coinciden con el movimiento que el vehículo puede imprimir sobre la superficie. El sistema limita la potencia en las ruedas que no agarran y la envía a aquellas que sí lo hacen.

Sistema de frenado automático de emergencia (AEB). Los sistemas de frenado automáticos utilizan una variedad de sensores y cámaras para monitorear lo que hay delante. Este alertará audible y visualmente al conductor ante una colisión inminente. Si no toma ninguna decisión al respecto, el sistema AEB realizará automáticamente una detención de emergencia que reduzcan los efectos de la colisión. A baja velocidad, incluso pueden llegar a evitar un accidente.

Distribución electrónica de la fuerza de frenado (EBD). Esta tecnología funciona en conjunto con los frenos antibloqueo (ABS), distribuyendo automáticamente la fuerza de frenado entre el eje trasero y delantero. Esto ayuda a minimizar las distancias de frenado en línea recta teniendo en cuenta factores como la carga de peso sobre cada rueda, el estado del firme o la velocidad del vehículo, entre otros.

Asistencia de mantenimiento de carril. Los sistemas básicos de asistencia de mantenimiento de carril, simplemente, advierten al conductor a través de una señal auditiva o mediante retroalimentación háptica (por ejemplo, un volante que vibra) si deja que se desvíe demasiado hacia el borde de la vía delimitada sin indicarlo. Los sistemas más avanzados realizan de forma automática ajustes de dirección para mantenerlo dentro del carril, aunque la mayoría dejarán de funcionar si detectan que el conductor no está sujetando el volante.

Alerta de ángulo muerto. Este sistema emplea cámaras para vigilar aquel espectro no visible por los retrovisores exteriores, pero igualmente presente en las cercanías del coche. Este advierte al conductor mediante una alerta luminosa (normalmente en la esquina más externa del espejo) si hay otro automóvil al lado tuya cuando circulas y existe la posibilidad de no verlo. Los más avanzados también pueden frenar o conducir el vehículo hacia el centro del carril.

Sistema de monitoreo de presión de neumáticos (TPMS). Los neumáticos son una de las partes más importantes del coche, pero también son muy vulnerables a los daños. Los cambios en la temperatura pueden disminuir su presión, provocando reventones o más desgaste. Es importante señalar que cualquier vehículo nuevo viene equipado con un sistema TPMS desde noviembre de 2014, pero en cualquier caso conviene hacer una revisión manual cada mes.

Control de crucero adaptativo. Este sistema no solo mantiene la velocidad del coche, sino que también puede acelerarlo o decelerarlo para seguir al vehículo que está adelante e incluso frenarlo hasta detenerse por completo si fuese necesario. Hasta hace poco, estos dispositivos solo estaban disponibles en vehículos de alta gama, pero ahora se están generalizando entre los modelos convencionales, ya sea un SUV de gran tamaño o un utilitario urbano.

Faros adaptativos. Casi la mitad de los accidentes en carretera ocurren por la noche. Los faros adaptativos ayudan a mejorar la visión en condiciones nocturnas, dado que reaccionan a la velocidad, dirección y elevación del automóvil, y luego alumbran la carretera de acuerdo con la dirección que tome el coche. Esta tecnología también aporta beneficios a la hora de reducir el deslumbramiento, además de hacer que tu camino se vea más nítidamente.

Diseño estructural. La seguridad activa trata solo de electrónica. Cualquier aspecto ingenieril de un coche que ayude al conductor a evitar un accidente es una característica de seguridad activa. El grosor y la ubicación de los pilares del parabrisas, por ejemplo, tienen un efecto importante en el campo visual. Además, un vehículo más ligero responderá con mayor rapidez a los cambios de dirección que un automóvil de peso elevado.

Los neumáticos modernos son mucho mejores para dispersar el agua bajo una fuerte lluvia. Una suspensión más sofisticada ayuda a mantener el equilibrio en la carretera, incluso a altas velocidades. En última instancia, un automóvil “activamente seguro” será uno que sea fácil de conducir, predecible en su comportamiento y que brinde confianza al conductor. Un comportamiento impredecible y una actitud vacilante no suele evitar tener un accidente.

Seguridad pasiva

La mayoría de las personas tienden a asociar “seguridad del coche” con “seguridad pasiva”, es decir, cómo protege el coche a sus ocupantes en caso de impacto. Las mejoras realizadas en el apartado de la seguridad pasiva en los últimos años han sido asombrosos. Pase a que muchos nos hemos acostumbrado a ver vídeos de crash tests en YouTube, especialmente por cortesía de EuroNCAP, aún sorprende la violencia de un accidente a alta velocidad.

Carrocería y chasis. Cualquier vehículo moderno es diseñado con la idea de entrar por la vista, pero también para arrugarse de una forma muy específica en caso de accidente. El objetivo tras esta idea es absorber y desviar la mayor cantidad de la energía del impacto del habitáculo. La cabina propiamente dicha está fuertemente reforzada, haciendo que los pilares de los coches sean mucho más gruesos y la línea de la cintura esté en un punto más elevado.

Las puertas también están fuertemente reforzadas con ventanillas más pequeñas y altas para un impacto lateral. El depósito de combustible debe montarse y construirse de modo que no se rompan y derramen su preciado líquido, reduciendo así la posibilidad de incendio. La columna de dirección tiene que colapsar para que no golpee al conductor en un impacto frontal, y el motor se separará de sus soportes y caerá debajo del coche para no obstruir el habitáculo.

Prácticamente todos los componentes están diseñados para romperse de cierta manera en un choque. Es por ello por lo que todavía puedes escuchar el sempiterno cliché de que “los coches nuevos se abollan con demasiada facilidad” o “los vehículos viejos eran más duros”. Nada más lejos de la realidad, pues si bien es cierto que las máquinas más veteranas pueden parecer más resistentes, no hay color a la hora de disipar la energía de un choque eficazmente del habitáculo.

Cinturón. Los pretensores del cinturón de seguridad absorben cualquier holgura en el mismo cuando detectan un choque inminente, manteniéndote fijo en tu asiento a pesar de que, en condiciones normales, el cinturón permite bastante movilidad. Los limitadores de carga, por otro lado, evitan lesiones al permitir que el cinturón se estire mientras se produce el impacto, de modo que no se ejerza demasiada fuerza sobre el cuerpo del pasajero, particularmente en su caja torácica.

Airbag. El airbag es un dispositivo de retención colocado en puntos de impacto comunes en todo el automóvil. Consiste en una bolsa de tela que se expande para amortiguar al conductor o pasajero durante una colisión. Introducido por primera vez en los 70, los airbag no comenzaron a tener un uso generalizado hasta finales de los 80 y no fue obligatorio hasta 1998. Para cumplir con el nivel de efectividad esperado, debe considerarse una ayuda suplementaria y usarse junto con los cinturones de seguridad.

Reposacabezas. Como bien dice su propio nombre, los reposacabezas están cuidadosamente diseñados para proteger la cabeza y el cuello de un latigazo cervical en un impacto de alcance por detrás. Una buena posición es clave: la parte superior debe estar nivelada con la equivalente de la cabeza, y esta no debe estar a más de un par de dedos de distancia cuando uno está sentado. Los reposacabezas activos se mueven vertical y horizontalmente, siguiendo el movimiento natural de la cabeza.

Visibilidad. Es de esperar que una buena visibilidad sea uno de los primeros objetivos de cualquier diseño nuevo. Desafortunadamente, con los coches modernos existe un conflicto entre la necesidad de fortalecer el habitáculo y la necesidad de ver desde el asiento del conductor. Esto significa que los más modernos tienden a tener una visibilidad más pobre gracias a unos pilares de gran tamaño, aunque compensan en gran medida con cámaras y/o sensores de proximidad.

Cristales. El cristal del parabrisas está preparado para que, en caso de accidente, no salten al habitáculo pequeños trozos que puedan dañar a los pasajeros del vehículo. Asimismo, las ventanillas laterales (especialmente las posteriores) son más débiles para poder romperse en caso de que la puerta se atasque y sea necesario hacer una extracción.

¿Puedo hacer que el coche sea más seguro?

Los modernos sistemas de seguridad hacen un trabajo fantástico al proteger a los ocupantes en caso de emergencia, pero no tiene mucho sentido tenerlos si otros aspectos del coche permanecen abandonados. Entonces, ¿qué tipo de cosas puedes hacer y deberías revisar en tu vehículo para asegurarte de que circulas con unas garantías mínimas de seguridad? El mantenimiento y el sentido común son aspectos clave en la seguridad de un vehículo.

Entre los aspectos más obvios y que, regularmente, son ignorados con relativa regularidad, podemos encontrar: objetos que no están firmemente sujetos en el habitáculo; faros, ventanillas y retrovisores teñidos de suciedad, estado de los neumáticos (profundidad y dibujo de la banda de rodadura), llantas dañadas, pastillas y discos de freno gastados, ruidos extraños, vibraciones parásitas o luces de advertencia que deberían de ser valoradas en su momento.

Conclusión

Grosso modo, ningún coche puede superar las leyes de la física. Si se aprieta demasiado en una curva en una carretera húmeda, dejará de importar que el coche tenga ABS, ESP, TCS o cualquier sistema de asistencia electrónica: las papeletas de comprobar el funcionamiento del airbag son altas. Y es que todas estas funciones necesitan de un componente esencial para garantizar su eficacia: un ser humano. Estar alerta y atento es la mejor manera de garantizar una conducción segura.

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