Aunque sea relativamente desconocido, el Bentley Corniche de 1939 es uno de esos ejemplares que forman parte de la historia de la marca de Crewe. Si bien es cierto que esa denominación se hizo más popular en la marca durante la década de los 70, hubo un antecedente único y especial. A finales de la década de los 30, el piloto griego André Embiricos pidió al fabricante un vehículo deportivo y el resultado fue el Corniche, que tomaba como base el chasis del Bentley 4 ¼ Litre.

Fue obra del diseñador Georges Paulin y producido por el carrocero francés Pourtout. Aunque era un ejemplar único hecho por encargo, lo cierto es que se planteaba a futuro como una versión deportiva de la berlina Bentley Mark V. Empleaba un chasis liviano y su carrocería adoptaba formas muy aerodinámicas siguiendo la tendencia ‘Streamline’. Incluso en sus pruebas de desarrollo superaría los 160 km/h. Sin embargo, posteriormente las cosas no saldrían demasiado bien.

Durante sus pruebas en carretera tuvo un choque contra un autobús, algo que sería reparado sin mucho problema. Pero después sufrió otro impacto más grave en el que chocó contra un árbol y sufrió daños mayores. Como tenía que ser exhibido, el chasis fue de vuelta a Crewe y la carrocería a un taller en Francia. Cuando finalmente parecía que estaba todo arreglado de nuevo y la carrocería iba a ser transportada desde Dieppe, el bombardeo a la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial la destruyó por completo.

Con un final tan trágico era difícil pensar que este Bentley Corniche de 1939 pudiera ser devuelto a la vida. Pero la magia de Mulliner lo ha hecho posible, tras un proyecto de varios años que suponía un auténtico reto. Apenas se contaba con los primeros dibujos técnicos y algunas piezas originales, pero la ilusión de un grupo de voluntarios se impuso. Rápidamente la marca prestó atención a sus demandas, invirtió en ello y lo puso en manos del departamento de personalización Mulliner.

La carrocería se hizo desde cero, con todos los paneles hechos a mano y con el color elaborado en el laboratorio de pintura basándose en las descripciones. Con el interior pasó lo mismo, adaptando todo a los estándares de la época e incluso utilizando una piel específica. La madera del habitáculo fue doblada a mano dentro después de un tratamiento de vapor en una cabina creada para la ocasión. En definitiva, infinitud de detalles para devolver a la vida a este Bentley Corniche de la forma más fiel posible a la original.

Fuente: Bentley

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