En la subasta de Bonhams celebrada recientemente en Amelia Island hubo grandes ventas de vehículos históricos y todo tipo de mitos. Sin embargo, una de las transacciones más curiosas la protagonizó un Meyers Manx, un pequeño buggy que alcanzó un valor bastante sorprendente. Se cerró su venta por nada menos que 456.000 dólares, algo menos de 400.000 euros al cambio en el momento de la subasta (aunque ahora esté un poco por encima).

¿Y cómo es posible que un buggy de aspecto playero alcance esa cifra? Pues la respuesta tiene mucho que ver con Steve McQueen, el mítico actor estadounidense cuya vida estuvo muy ligada al mundo del motor. No hay duda de que 1968 tuvo como película protagonista a Bullitt, con ese mítico Ford Mustang al límite por las calles de San Francisco. Sin embargo, ese mismo año también McQueen también protagonizó The Thomas Crown Affair, la película en la que sale el buggy subastado.

Porque este Meyers Manx no es un vehículo normal y corriente que haya sido hecho en serie. Su particularidad reside en que el propio Steve McQueen, además de conducirlo en la película, también colaboró en su desarrollo. Se partía del trabajo que estaba haciendo Bruce Meyers, propietario de esta compañía especializada en buggys, que empleaba chasis de Volkswagen acortados para adaptar su carrocería de fibra de vidrio para mantener un peso ligero.

En el guión original de la película se pensaba emplear un Jeep, aunque McQueen ya había visto el Meyers Manx y creyó que pegaba mucho más para su papel. Así que se pusieron a crear este simpático buggy con carrocería de color naranja, esos faros tan característicos y el portaequipajes en la parte posterior. Recibió unas llantas American Racing con unos neumáticos de competición Firestone. El interior fue hecho a mano y cuenta con unos asientos de Datsun Fairlady tapizados en cuero cosido a mano.

Aunque lo más interesante de este Meyers Manx era su motor. La mayoría de estos ejemplares llevaban un cuatro cilindros refrigerado por aire de Volkswagen que lograba entre 75 y 100 CV de potencia. Sin embargo, el de la película recibía un motor de seis cilindros atmosférico de Chevrolet Corvair, con 2.683 cc y cuatro carburadores. Aunque McQueen habló de una potencia de 230 CV, se habla de que realmente tenía alrededor de 140 CV.

Una curiosidad de este vehículo es que contaba con dos palancas de freno de mano, una para bloquear cada una de las ruedas traseras y poder llevar a cabo algunas acciones espectaculares en la película. Porque cabe destacar que en ningún momento se utilizaron dobles para las escenas de conducción, fue el propio McQueen el que se encargó de todas las tomas. Así era y así trabajaba, con un componente de improvisación que le hizo único.

Después de la película, el vehículo pasó por varias manos y recibió algunas modificaciones. Por suerte, su propietario anterior llevó a cabo una completa restauración para dejarlo en el mismo estado que se mostraba cuando lo condujo McQueen. Todo eso acreditado con su debida documentación ha dado lugar a ese precio de 456.000 dólares y a convertir al Meyers Manx en el buggy más caro jamás subastado.

Fuente: Bonhams

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