Salón de París, octubre de 1967. Citroën muestra en su stand el modelo con el que reemplaza en su gama al icónico Citroën 2CV, uno de los modelos más representativos de la historia del automóvil y a cuyos mandos generaciones enteras de europeos aprendieron a conducir y al que difícilmente se podría hacer olvidar con un nuevo modelo, que además también tenía ante sí una complicada misión: competir contra el nuevo Renault 4 que se estaba comiendo el mercado gracias a su quinta puerta

La apuesta de Citroën era el Dyane, un vehículo cuyo primer acierto fue el estético, pues aunque aportaba una imagen claramente diferente a la del 2CV mantenía detalles que permitían evocar el recuerdo de su predecesor.

Su carrocería era mucho más moderna y dinámica y, a diferencia de su antecesor, contaba ya con los faros encastrados en el guardabarros, con un amplio portón trasero y unas líneas más angulosas. Citroën tuvo que encargar el diseño del Dyane a Panhard (marca que tres años después se fusionaría con Citroën) debido a que sus centros de diseño estaban inmersos en el desarrollo del proyecto G que daría lugar a la creación de la saga de los GS.

El coche era igualmente práctico e incluso su techo era practicable, dado que ofrecía una capota enrollable que se podía fijar en dos posiciones diferentes. Citroën ya trabajaba entonces la idea de los interiores configurables, dado que su asiento trasero (de banqueta corrida) se podía extraer del coche para permitir una mayor capacidad de carga a bordo del mismo y aprovechar mejor los 3,90 m de largo que medía el coche.

A bordo podían viajar sólo cuatro personas, dado que el coche era relativamente estrecho, al haberse mantenido la anchura de su predecesor con el fin de poder mantener algunas soluciones técnicas del 2CV en el Dyane y así poder ahorrar costes para dedicarlos al proyecto GS.

Eso sí, la crítica no le fue del todo favorable, pues tan sólo disponía de dos ventanillas en cada lateral en lugar de las tres que ofrecía el 2CV, con la consiguiente “pérdida de visibilidad” que ello suponía. Tal fue la crítica que en 1969 Citroën modificó el diseño para dar cabida a una tercera superficie acristalada en cada lateral.

Técnicamente, el Dyane también era claramente superior. Aunque inicialmente el Dyane se producía en las mismas líneas de montaje del 2CV y aprovechaba incluso su motor bicilíndrico de 425 cc, la transmisión delantera y la caja manual de cuatro marchas, la evolución del modelo fue rápida. De entrada, ofrecía un embrague centrífugo, que facilitaba la conducción mucho más que el que montaba el 2CV.

Poco a poco fueron surgiendo distintas variantes del modelo. Así, del Dyane inicial se pasó al Dyane 4, con motor de 435 cc y, en 1968 llegó el Dyane 6, con motor de 602 cc. Este último se produjo en la factoría de Citroën en Vigo, de la que llegaron a salir más de 233.100 unidades únicamente de esta versión.  Citroën mantuvo la producción del Dyane hasta 1983, después de haber fabricado un total de 1.444.583 unidades durante los 16 años que  la “Burra”, “Cabra” o “Cirila” como popularmente fue conocido el Dyane, se mantuvo en producción.

Tan cariñosos apelativos se originaron por el gran apego que por el modelo sentía el mundo rural, donde el Dyane gozó de gran éxito gracias en especial a la blanda suspensión mecánica que montaba. Esta aportaba estabilidad (aunque restaba confianza, especialmente en zonas de curvas) y un relativo confort de marcha.

Fuente: Citroën
Vía: Newspress
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