Justamente se cumplen ahora 45 años de una serie de acontecimientos que marcaron profundamente a la juventud y a la intelectualidad europea de la segunda mitad del siglo XX: el “Mayo del 68” francés. En un contexto presidido por una severa crisis económica, paro, desencanto de la juventud con sus gobernantes y de oposición a las guerras que sacudían medio mundo (¿os suena de algo…?), surgieron en París diversos movimientos estudiantiles que protestaban abiertamente contra lo establecido, a los que poco a poco fueron sumándose trabajadores, sindicatos y hasta partidos políticos para constituir la mayor revuelta y posterior huelga general de la historia de Francia, y que tuvieron como consecuencia la convocatoria de nuevas elecciones por parte del General de Gaulle, las cuales perdería…

…y fue precisamente en aquel convulso ambiente donde fue lanzado el Citroën Méhari, un vehículo sinigual cuya primera aparición pública tuvo lugar el 16 de mayo de 1968 en las instalaciones del campo de golf de Deauville. En un primer momento bajo la denominación de Dyane 6 Méhari, pues se presentaba como una versión de éste para, posteriormente, adoptar el calificativo con el que sería conocido por todo el mundo. El nombre elegido hacía referencia a los dromedarios que poblaban el norte de África y el desierto del Sahara y, al igual que ellos, se caracterizaba por su sobriedad, resistencia y capacidad para transportar pasajeros o mercancías a casi cualquier lugar.

Fue diseñado tomando la fiable base del Citroën 2CV, llevando hasta el extremo el concepto de simplicidad y polivalencia, válido tanto para el trabajo como para la diversión. El elemento más característico de este modelo no era otro que su carrocería. En vez de utilizar la chapa de acero se recurrió a la resina de plástico moldeable (ABS), en cuya composición ya se incluían los llamativos colores con los que serían fácilmente reconocibles. Otra particularidad de dicha carrocería es que no disponía de techo ni de puertas al uso, sino que estos elementos eran sustituidos por una capota de lona impermeabilizada y los cristales por plástico transparente. Incluso el parabrisas delantero era completamente abatible, lo que le proporcionaba un singular aspecto, parecido casi a una tienda de campaña en movimiento. En la parte trasera contaba con un pequeño portón que facilitaba el acceso a esa zona del vehículo. Todo ello contribuía a que el peso final se quedase en unos contenidos 570 kg.

En un principio parecía concebido para climas benignos, propios de la zona de procedencia de su nombre, pero la realidad fue que se utilizaron en todo tipo de ambientes y condiciones, ya que aunque su capota no proporcionaba un aislamiento notable sí que era suficiente para resguardarse de la intemperie.

La sencillez exterior también se prolongaba al interior, donde no había ningún tipo de elemento superfluo, salvo los mandos esenciales, hasta el punto de que contaba con tan sólo 2 asientos, y un considerable espacio de carga. Esto suponía una gran ventaja a la hora de su limpieza y mantenimiento, pues podía ser lavado en su totalidad con una manguera de agua sin que afectase fatalmente a ningún elemento de su interior.

El propulsor era herencia directa del empleado por el 2CV, el conocido bicilíndrico bóxer de gasolina de 602 centímetros cúbicos que proporcionaba una modesta potencia de 29 CV a 5.750 rpm y un par máximo de 39 Nm a 3.500 rpm, que se mostraban suficientes para mover el ligero conjunto y que incluso permitía que alcanzase una velocidad máxima cercana a los 120 km/h, a pesar de la pésima aerodinámica. Pero es que las prestaciones puras, evidentemente, no eran su razón de ser.

Uno de sus puntos fuertes consistía en la capacidad de pasar casi por cualquier sitio, debido entre otras cosas a su contenido peso y a su peculiar sistema de suspensión de ruedas independientes, que ofrecía un excelente rendimiento en zonas muy bacheadas o de firme irregular. Esta capacidad, casi todoterreno, fue llevada al límite en el Méhari 4×4, lanzado en 1.959, un vehículo que podía calificarse casi como pionero en estas lides, a pesar de que ya hubo un precedente dentro de la propia marca en el año 1.958, con el desarrollo de un Citroën 2CV dotado de 2 motores (uno delante y otro detrás, de ahí su capacidad 4×4) destinado exprofeso para servir en los pozos petrolíferos del Norte de África.

Esta versión 4×4 contaba incluso con reductora y un dispositivo que permitía bloquear el diferencial trasero, lo que unido a su más que considerable distancia libre al suelo (18 cm) le otorgaba una gran motricidad de la que hacía gala en los lugares más abruptos, como se puede observar en las fotografías y vídeos que acompañan a este artículo, permitiéndole superar pendientes de hasta un 60 %.

El Méhari no sólo ha sido usado por jóvenes hippies como vehículo para sus locas aventuras (como en su momento también lo fueron la Volkswagen T1 o el Escarabajo) sino que, debido a su polivalencia, también fue empleado por las fuerzas de seguridad (la Gendarmería y el ejército francés) o en grandes aventuras, e incluso en competiciones deportivas como el Raid Lieja–Dakar–Lieja en 1969, el Raid París–Kabul–París en 1970 y el Raid París–Persépolis–París en 1971. Además tuvo un papel destacado en algunas producciones cinematográficas como “El Gendarme de Saint Tropez”

En total se estima que se pudieron fabricar cerca de 150.000 unidades en algo menos de 20 años de vida (entre 1968 y 1987)

Todavía pueden admirarse numerosas unidades en perfecto estado de funcionamiento, que continúan circulando 45 años después de su lanzamiento al mercado, sobre todo mantenidas por clubs que se dedican a su restauración y a realizar salidas de fin de semana, para evitar que se pierda el recuerdo de un vehículo que marcó toda una época. A continuación os mostramos un vídeo de uno de estos clubs, donde además de dedicarse a distribuir recambios para su reconstrucción, también fabrican chasis nuevos y todo tipo de piezas para que los nostálgicos de este modelo puedan disfrutar de un Citroën Méhari como si acabase de salir de un concesionario:


Como veis el Citroën Méhari aún sigue en la brecha, tanto es así que últimamente también han surgido nuevas iniciativas como el Rinspeed Bamboo, que han tratado de revivir este concepto.

Por último os adjuntamos el vídeo conmemorativo realizado por la propia marca francesa:


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