Influenciar el tráfico de forma algorítmica en respuesta a las condiciones en cada momento. En inglés le han llamado a esta compleja descripción “active traffic management”, y en la práctica se reduce a algo muy sencillo: no tener velocidades e infraestructura fijas para el tráfico, que puedan favorecer que se formen atascos. En lugar de eso la solución estaría en los propios coches… y en la velocidad.

¿Será esta la solución a los atascos de tráfico? Cuando el tráfico llega a un determinado nivel de congestión… ¿La respuesta es bajar el límite de velocidad? Nada mejor para probarlo que realizar un experimento en Colorado (EE.UU.), en una de las autopistas más congestionadas, la I-70, donde el límite de velocidad es de 110 km/h. Cuando había más de 1.100 vehículos circulando por hora en una dirección, se desplegaban varios coches patrulla que, sincronizados, bajaban el límite de velocidad a 90 km/h.

Y el resultado, la circulación mejoraba y conduciendo más despacio se viajaba más rápido. Al armonizar las velocidades se reduce la diferencia entre quienes más rápido y aquellos que conducen más despacio. Y esto además reducía los accidentes de tráfico, ya que hay estudios que indican que cuanto más se desvía un vehículo de la velocidad media de una carretera más se incrementa la posibilidad de producirse una colisión, da igual la velocidad media de la vía.

Si tenemos en cuenta los enormes costes que suponen los atascos, esta podría ser una medida de ahorro para tiempos de crisis que tantas obras de infraestructuras viarias se han detenido. Países como China estudian los datos de los GPS de los taxistas para diseñar futuras calles, túneles y carreteras. En países desarrollados, donde las infraestructuras viarias son más abundantes, aplicar estas medidas más rápidas (y económicas) podría reducir mucho el tiempo perdido y el combustible gastado intutilmente en los atascos.

Fuentes: Slate, Yorokobu

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