Dice una ley no escrita que a los pocos segundos de haber limpiado el coche, un pájaro con el vientre un poco suelto nos recuerda lo efímera que es la vida. Con el cristal manchado por la digestión de un simpático alado, el dinero gastado en el Elefante Azul se convierte en una cuestionable inversión.

Con la intención de que frotar el vehículo no se convierta en una tarea de corta satisfacción, el Instituto Max Planck ha conseguido desarrollar un sorprendente material, compuesto por polímeros, capaz de repeler las manchas de los cristales, y por tanto, autolimpiable. Es capaz de acabar con cualquier tipo de suciedad, grasa incluida, y su utilización, además de en las lunas de los vehículos, también es apta para los cristales de unas gafas e incluso en material sanitario, previniendo de posibles infecciones al evitar que se adhiera la sangre.

Tras un duro proceso de trabajo, los investigadores lograron obtener un compuesto a base de silicio y flúor que repele la grasa y el aceite, un proceso similar al de las sartenes antiadherentes, donde el líquido rueda por la superficie gracias a unas pequeñas esferas, de unos 60 nanómetros, ubicadas en diferentes puntos de la superficie.

Según afirman los responsables del invento, su aplicación también es válida para la industria alimenticia, que podrían utilizar este material para evitar que los restos de salsas o mermeladas se queden pegadas en el bote, pudiendo el consumidor aprovechar el total del envase.

A pesar de que el proceso para una futura comercialización marcha a buen ritmo, los investigadores aún tienen que solventar algunos problemas. Y es que el material presenta un nivel de desgaste acelerado cuando alcanza un nivel de espesor menor o igual a una micra. Para intentar remediarlo, están añadiendo una serie de propiedades mecánicas al compuesto que consigan aumentar su vida útil.

Vía: ALT1040

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