Recientemente General Motors ha vuelto a recuperar el primer puesto de los fabricantes de automoción. La compañía norteamericana vió como la crisis económica le hizo perder el liderato durante algo más de un año, tiempo en el que ha puesto la máquina a engrasar para recuperar lo que siempre consideró como propio.

Desde hace décadas General Motors ha marcado el rumbo de la industria automotriz internacional y aunque mayoritariamente sus previsiones han sido acertadas, la empresa guarda en el armario algún que otro fiasco especialmente significativo. En la década de los 60 la compañía había agotado sus posibilidades de expansión dentro de Estados Unidos. Para cumplir con los objetivos de crecimiento marcados necesitaba nuevos lugares donde desarrollar su actividad, y los directivos pensaron que la selva del Amazonas, virgen e inexplorada para el mundo civilizado, podía ser el lugar perfecto para desarrollar sus planes de expansión.

General Motors comenzó entonces a imaginar una forma eficiente para llevar el progreso y el desarrollo tecnológico a la selva y descubrieron que quizás no necesitarían del trabajo físico del hombre. Si Henry Ford había conseguido coches de fabricación rápida y a bajo coste, ¿por qué ellos no iban a poder lograr lo mismo para las carreteras?

Con tal fin pensaron en dos tecnologías favoritas del cine de ciencia ficción: la nuclear y la láser. La idea consistía en fabricar “un gigante mecánico que alisa el terreno, detiene el crecimiento de la selva, pone cimientos fuertes, fabrica adoquines, los une y lo encementa todo”. El vehículo, del tamaño de un tren de mercancías y un ritmo de construcción de 20 millas al día, utilizaría para su funcionamiento combustible atómico (como el Ford Nucleon) y estaría auxiliado por unas máquinas que cortarían los árboles y acabarían con la espesa frondosidad de la jungla mediante rayos láser. Algo parecido a esta máquina que pone adoquines sola, pero a un tamaño mayor.

Las máquinas del futuro de General Motors

En General Motors soñaban con “autopistas de la selva que llegarían a los más profundo del mundo tropical, lleno de materiales de progreso y prosperidad, creando bienes que podrán llegar de manera rentable a los mercados mundiales y que nos ofrecerán encantadores viajes por los bosques de las tierras del Trópico”. Seguro que ya han adivinado el final de esta historia. Afortunadamente, los planes de la compañía para arrasar con una de las selvas más importantes del planeta se quedaron en papel mojado.

Todo lo anteriormente descrito formaba parte del llamado Futurama 2, una especie de feria que la compañía celebró entre 1964 y 1965 para mostrar a los visitantes sus virtudes tecnológicas y planes de futuro, y de paso, promocionar la Expo de Nueva York. Casi 26 millones de personas acudieron a la cita y contemplaron boquiabiertos el plan más ambicioso de General Motors, que finalmente nunca llegó a producirse:

Vía:Xataka

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