Desde la vieja Europa, a uno no deja de sorprenderle nunca la forma de ser de los americanos. Es tal su vitalismo y ganas de innovar que a veces no piensan en las consecuencias y dejan de explorar otros caminos más fáciles… y lógicos. Al hilo de esto recuerdo un caso en plena carrera espacial a finales de los años 60 los americanos se pasaron meses inventando una tinta a la que no le afectase la gravedad para que pudiesen escribir los astronautas. La empresa Tycam Engineering Manufacturing, Inc. desarrollo unos bolígrafos especiales de baja gravedad para la NASA, que salieron carísimos. Los cosmonautas rusos no llevaron lápices como se dice siempre. Llevaban bolis tipo BIC. Los americanos no se habían molestado en probar bolígrafos baratos.

Se trata solamente de un ejemplo, pero demuestra un poco cómo son los estadounidenses: capaces de todo. Si no, no se explica que diseñasen un tren para poder transportar coches en vertical (el Chevrolet Vega). Ellos podían hacerlo. Da igual que costase muchísimo, que hubiese que rediseñar el coche para que fuese viable o que no pensasen que el exceso de stock no ayuda en nada.

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Este no es el único caso delirante de la automoción americana. En 1958, Ford pretendía desarollar el primer automóvil movido por un motor de fisión nuclear, el Ford Nucleon. No te lleves las manos a la cabeza: en aquellos años la energía nuclear formaba parte de todos los ámbitos de la cultura popular occidental y parecía poder integrarse en cualquier lugar.

El Nucleon tenía un pequeño reactor en su maletero sobredimensionado. Los pasajeros irían sentados delante, donde una especie de cabina transparente les mantendía aislados de la radiacción del reactor. En realidad el coche nunca se construyó, pero existe una maqueta a escala 3/8 en el museo Henry Ford, en Dearnborn, Michigan.

Según los cálculos de los ingenieros, con una recarga (que se haría mediante surtidores como los de gasolina), este coche atómico podía recorrer 5000 millas o más. El reto sonaba tan interesante que hasta el gobierno norteamericano financió parte del proyecto de investigación.

Pero la realidad acabó con el sueño de una movilidad nuclear. El blindaje del reactor sería tan pesado que el vehículo apenas podría desplazarse. Además, poco después empezaron a descubrirse los peligros y problemas que podían ocasionar los residuos nucleares, así que se canceló la investigación. Nadie quería una fuga radiactiva tras un accidente de coche.

Si bien este poryecto de coche nuclear fracasó, llama la atención que tampoco fructificasen en la historia del automovilismo otros prototipos como el del Ford Comuta, el primer Ford eléctrico de 1967 y que anticipaba (y resolvía) muchas de las actuales necesidades de movilidad. Esperaremos al Ford Focus eléctrico.

Fuentes: Wikipedia, Ridelust
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