Cuenta la leyenda que el fabricante de tractores Ferruccio Lamborghini, una vez llamó a Enzo para discutir el problema que le daba el  embrague de su Ferrari. Enzo no le dio mucha importancia y Lamborghini decidió demostrar que él sabía perfectamente cómo fabricar superdeportivos. El multimillonario hombre de negocios se veía capaz y con la determinación necesaria para construir uno.

Lo primero que tuvo que conseguir para hacer su sueño realidad fue la financiación. Los ingentes beneficios que había sacado de sus trabajos en los destacamentos de transporte del ejército italiano (compraba sobrantes de vehículos para convertirlso en maquinaria agrícola) fueron reinvertidos en crear una fábrica en el pequeño pueblo de Sant’Agata Bolognese, en Bolonia, a pocos kilómetros de Maranello, el cuartel general de su gran rival.

Para crear un motor V-12, Lamborghini confió en el ingeniero Giotto Bizzarrini. Y para el diseño exterior surgieron nombres como Bertone, Pininfarina, Ghia, Vignale y Michelotti. Todos querían formar parte de este ilusionante proyecto se impuso de forma inesperada Franco Scaglione.

El Lamborghini 350GTV fue presentado en el Salón de Turín de 1963. Diseñado por Carrozera Touring, fue el primer Lamborghini de la historia. Pero hubo muchos diseños descartados y este del que os vamos a hablar lo creó Giugiaro. Todo parece indicar que Ferruccio Lamborghini no buscaba un superdeportivo biplaza, sino un Gran Turismo.

La mayoría de los diseños nunca pasaron más allá de las etapas iniciales, y desde luego nunca se mostraron a los ojos del público. Pero en un reciente viaje a Giugiaro Design, Car Design News descubrió este modelo amarillo.

Según la historia, este modelo tangible fue creado mucho después de que Lamborghini se decidiese por Scaglione. Fabrizio Giugiaro encontró los dibujos de su padre, Giorgetto Giugiaro, digitalizó las imágenes y creó un modelo de la misma. Se lo dio a su padre por su 70 cumpleaños en 2008, y el modelo permaneció lejos de la atención pública hasta que Car Design News lo descubrió en la sede.

El coche es lo que podrían haber sido los Lamborghinis de no haberse escogido el camino “militar” de Scaglioni. Las curvas del coche son drásticas y, a pesar de su frontal poco trabajado, el coche tiene una alegría y muestra una audacia que no se ven en el GTV 350. Sin lugar a dudas, la parte trasera emana una sensación de potencia y la velocidad con mucha más eficacia que el GTV 350.

Quién sabe de qué forma un diseño tan diferente hubiera cambiado el curso de la historia de Lamborghini (y del automóvil) para siempre. Nunca sabremos si el toro salvaje sería como hoy en día si se hubiese seguido la dirección de esas curvas amarillas y ese diseño brillante, divertido y asombroso.

Vía: Mothor Authority
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