La electrónica es una parte fundamental en los coches actuales. Años atrás los vehículos eran más simples, ese minimalismo era la clave para la fiabilidad y también para la reducción de costes. Pero ahora la seguridad se ha incrementado y todas esas ayudas a la conducción requieren de su propio sistema y alimentación. Por eso no es de extrañar que en la mayoría de modelo actuales podamos encontrar más de 40 kg y 2 kilómetros de cable.

Es un valor medio que se ha extraído de un ejemplo tan popular como el SEAT Ateca, del que vemos la curiosa radiografía en la parte superior. El SUV compacto, que fue el primero de la marca en este segmento, cuenta con un entramado complejo que guarda cierta similitud con las venas y los capilares del cuerpo humano. Aquí hay más de 1.350 cables de diferentes grosores (van desde 1 mm hasta más de 1 cm) que si se pusieran en línea recta recorrerían más de 2.200 metros.

Estos más de 30 circuitos son los que se encargan de que funcione todo correctamente. El material protagonista es el cobre por sus capacidades conductivas. El cableado pesa unos 40 kg y eso que se ha estudiado la forma de optimizarlo para no elevar mucho el peso del conjunto. La zona donde mayor concentración de circuitos es en el tablero frontal, donde se cruzan más de 200 cables para dar vida al sistema multimedia, entre otras cosas.

A eso hay que sumar alrededor de 100 sensores y centralitas, los encargados de canalizar toda la información y adaptar el funcionamiento de los sistemas y del vehículo. Solo para desarrollar la electrónica hacen falta tres años de trabajo, en el que un equipo de 20 ingenieros se aseguran de un recorrido óptimo del cableado, estando siempre en contacto con el equipo de diseño. Esta es la tónica hoy en día y todo apunta a que en un futuro las cifras anteriormente expuestas podrían crecer aún más.

Fuente: SEAT

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