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Luis Blázquez

Ferrari F50 GT (1996): un apasionante cavallino que no pudo demostrar su valía

A mediados de los 90, la recién creada BPR Global GT Series (en sustitución del Campeonato Mundial de Resistencia) se estaba volviendo cada vez más popular, y muchos fabricantes de importantes marcas se estaban involucrando. Ferrari se unió a la competición con el F40 GTE, pero el ya veterano deportivo no fue rival para el McLaren F1 GTR con motor BMW, que dominó la clase principal GT1 en las temporadas de 1994 y 1995.

En ese momento, todo el mundo hablaba del deportivo británico y lo consideraba el mejor jamás construido. Esto era algo inaceptable para Ferrari, quién decidió construir un corredor completamente nuevo basado en el F50, el buque insignia más reciente de la compañía con sede en Maranello. Los especialistas en competición locales Dallara y Michelotto recibieron el encargo de convertir el superdeportivo de carretera en un coche de carreras en regla, y el equipo conjunto trabajó febrilmente en un prototipo que jamás competiría.

Para empezar, el motor V12 de 4.7 litros (Tipo F130B) atmosférico derivado del monoplaza de Fórmula 1 de la casa de 1990, ya estaba produciendo 520 CV en su forma original. Sin embargo, los ingenieros lo afinaron extensamente y cuando terminaron, estaba generando unos monstruosos 749 CV con una línea roja a 11.000 rpm. Estaba acoplado a una versión muy modificada de la transmisión manual de seis velocidades de fábrica, reforzada para ser capaz de lidiar con el aumento de potencia y convertida en cambio secuencial.

El siguiente componente en ser actualizado fue el chasis, que recibió varias modificaciones, como una suspensión mejor y unos frenos más grandes orientados a las carreras. La parte trasera del monocasco se rediseñó completamente y ahora incorporaba dos pilares de fibra de carbono que sostenían el enorme alerón trasero. De forma empírica, las prestaciones del F50 GT apuntaban a una velocidad máxima de 376 km/h y un 0 a 100 de 2,9 segundos, unas cifras cuanto menos impresionantes para un coche de carreras de la década de 1990.

En el interior, el ya espartano habitáculo del F50 se despojó de todo lo que se consideraba innecesario, tales como el aire acondicionado, las manijas de las puertas, las alfombrillas o cualquier forma de aislamiento. El asiento del conductor ahora estaba homologado por la FIA, firmada por Momo, mientras que el del acompañante se eliminó. Otras modificaciones incluyeron una pantalla completamente digital montada tras el volante, en lugar del cuadro de instrumentos analógico que tantas alegrías a dado a sus conductores hasta ahora.

La carrocería también se actualizó ampliamente. Un ligero techo fijo con una toma de aire integrada redirigía el aire fresco del exterior al bloque motor reemplazaba el techo rígido practicable estándar. Además, delantera se ganó un parachoques y un capó modificados con entradas de aire agrandadas, mientras que se instaló un nuevo difusor en la parte trasera. De los 1.230 kilos anunciado del coche de calle, Dallara consiguió rebajarlo a 909 kg, lo que se traduce en un trabajo de aligeramiento brutal (el F50 ya era un coche ligero de por sí).

Una vez completado, el primer F50 GT fue conducido en el circuito de Fiorano por el piloto oficial Nicola Larini, quien, según los informes, registró tiempos de vuelta más rápidos que los logrados con el prototipo 333 SP, más ligero y agresivo en su configuración. Según la marca, el plan era entregar los primeros seis modelos a Scandia Racing y Ferrari Club Italia, y a los equipos de carreras respaldados por la fábrica Momo Corsa. Todos estaban ansiosos por tener en sus manos el brillante cavallino pero, desafortunadamente, no lo hicieron.

En la temporada de 1996, mientras el F50 GT estaba en sus etapas finales de desarrollo, la FIA anunció que eliminaría la BPR Global GT Series. Creían que para hacer que la competición fuera más emocionante y así atraer nuevos fabricantes, tenía que reformarse. El organismo rector comenzó con un cambio de nombre hacia Campeonato FIA GT pero, más importante, también cambiaron las reglas, lo que permitió a los fabricantes que compitieron en la clase GT1 construir cuasi-prototipos basados ​​en modelos de homologación de 25 unidades.

Estos movimientos llevaron al nacimiento del Porsche 911 GT1 y el Mercedes-Benz CLK GTR, pero también motivaron a que el nuevo modelo de Maranello quedara obsoleto de repente. Enfurecido por los cambios y no dispuesto a gastar más dinero en su desarrollo, Ferrari finalmente abandonó la competición y desconectó el programa F50 GT. De las seis unidades previstas, solo tres se completaron y se vendieron a clientes cuidadosamente seleccionados. Ferrari también tenía tres chasis incompletos, pero se sabe poco sobre su destino.

Aunque nunca participó en una carrera oficial, el Ferrari F50 GT sigue siendo uno de los coches de carreras más locos jamás construidos por la marca. También es uno de los Ferrari más raros que existen y, en las extrañas ocasiones en que hace una aparición pública, deja a los entusiastas con la boca abierta. Puedes echar un vistazo a esta máquina en el vídeo que adjuntamos a continuación, cortesía de Fastest Cars, donde se conduce correctamente en el un tanto aburrido circuito de Yas Marina en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos (EAU).

Fuente: Ferrari,

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