Hace tan solo unos meses, cuando la presidencia de Silvio Berlusconi agonizaba, la prensa internacional señalaba a Italia como el próximo país que necesitaría del rescate de la Unión Europea. La llegada del tecnócrata Mario Monti al Gobierno, supuso la puesta en marcha de toda una batería de medidas que, entre otras cosas, ha logrado reducir los altos niveles de fraude fiscal que asolaban la economía del país transalpino.

Como consecuencia más llamativa, la lucha contra la evasión de capitales, ha provocado un desplome en las ventas de los superdeportivos Ferrari y Maserati. Según datos de Federauto Italia, la federación que aglutina a los concesionarios de aquél país, las ventas de Ferrari y Maserati, ambas propiedad de Fiat, se han visto reducidas en un 51,5% y 70% respectivamente, en lo que va de año.

Para los expertos policiales, el descenso viene a confirmar la practica habitual de algunas de las grandes fortunas del país, que utilizan la compra venta de automóviles de lujo como mecanismo para blanquear dinero, evitando así el compromiso con el fisco. La lucha contra el fraude fiscal incluye el control intensivo en las carreteras de los usuarios de automóviles de lujo, así como la subida de impuestos para este tipo de vehículos.

Los agentes implicados en el sector de la automoción acusan al Ejecutivo de mantener una persecución contra sus clientes. “Estas cifras muestran cómo las decisiones tomadas por el gobierno están, literalmente, aterrorizando a los clientes potenciales”, lamentan desde Federauto.

Si bien, la industria de la automoción es uno de los grandes pilares de la economía italiana, la tolerancia que los sucesivos Gobiernos han tenido hacia el fraude fiscal y la evasión de capitales, han condenado al país italiano a la supervivencia, en uno de los momentos más críticos desde la llegada de la democracia.

Vía: Autocasion

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