Son muchos y muy variados los fabricantes italianos de gran turismos con motores grandes de muchos cilindros. Pero pocos mencionaríamos a Fiat en los primeros nombres de la lista. Y eso que el fabricante, en los inicios de su historia, comenzó fabricando bloques de cuatro cilindros (algunos de dimensiones colosales), en 1907 salía de su factoría el primer seis cilindros e incluso un V12 en 1922. Eso sí, no fue hasta 1952 cuando se atrevió con el motor de ochco cilindros, el motor Tipo 104 del Fiat 8V.

Solamente se produjeron 114 unidades del Fiat 8V (Otto Vu, en italiano), lo que lo convirtió en uno de los automóviles legendarios de la marca de todos los tiempos. Y es que no se trataba únicamente de un motor especial. El chasis en el que se ubicada y las carrocerías (diseñadas por los mejores carroceros del mundo) que lo engalanaban eran tan o más especiales si cabe. Vayamos por partes.

El Fiat 8V fue la estrella del Salón de Ginebra de 1952. Pretendía ser una respuesta a los elegantes V8 que salían de los EE.UU y su nombre 8V fue elegido por los transalpinoa porque creían que Ford había registrado el término V8.

A diferencia de las cilindradas gigantescas de los propulsores norteamericanos, el 8V tenía apenas 1.996 cc de cubicaje, pensando en agradar más a los europeos y adaptarse mejor a la era de austeridad que llegaba tras la Segunda Gerra Mundial.

Para que tuviese un mayor rendimiento este motor montado a 70º de arquitectura convencional con dos carburadores montados dentro de la «V» contaba con un cigüeñal forjado, entradas y salidas pulidas para un flujo de gas menos turbulento y colectores de escape tubulares de acero inoxidable en ambos lados que alimentaban un escape deportivo con tubos gemelos que salen en la parte trasera. Todo obra del director técnico de Fiat, Dante Giacosa.

Un diseño simple… pero que se demostró fiable e ideal para la competición automovilística. Prueba de ello es que ganó el campeonato italiano de GT de 2 litros todos los añis hasta 1959. Y aunque apenas estubo en producción de 1952 a 1954, el motor se actualizó pasar de 105 CV a 115 y finalmente a 128 CV gracias a una mayor relación de compresión y la adición de un carburador que lo eleva a tres.

Como sus coetáneos el Fiat 8V monta la carrocería sobre el chasis (muy liviano en este caso), aunque se sale de lo habitual al contar con una suspensión independiente, con muelles helicoidales delanteros y traseros. El uso de un chasis separado permitió a los carroceros independientes diseñar sus propios carrocerías para el 8V. Sabían que estaban ante un automóvil especial. Si ya habíamos visto una obra del 8V de Ghia, hoy te traemos uno de Vignale.

Se trata posiblemente de una de las carrocerías más hermosas de las 114 producidas. Se trata del Demon Rouge (demonio rojo), un vehículo de exhibición único diseñado por Giovanni Michelotti y construido por Vignale, uno de las cinco carrocerías coupé producidas por Vignale para el 8V.

Una demostración de la creatividad casi desenfrenada de Michelotti, el Diablo Rojo, en negro y carmesí con un morro largo y cónico, con los faros insertados en una rejilla ovalada. No se instalaron parachoques, para conservar su aerodinámica suave. Porque el diseñador prestó mucha atención a la aerodinámica del vehículo, con una forma similar a la de un avión sin alas, visto desde el lateral. La característica más inusual y controvertida era la caída del techo, un panel de plexiglás que se extendía para ayudar a mantener el vidrio seco cuando llovía.

El Demon Rouge hizo su debut en el Salón de Turín de 1953, donde su agresividad fue muy bien recibida. Vignale se dio cuenta y Michelotti realizó una variante más sutil. Es este automóvil, construido en el chasis no. 106.000080.

La línea del techo fue reemplazada por un diseño convencional con una ventana trasera envolvente y pilares delanteros y traseros muy estrechos, similares al trabajo de Michelotti y Vignale en las berlinettas Ferrari de la época. No variaba la parte delantera, las curvas de las puertas o la entrada de aire en la parte superior del capó. La zaga se cortaba bruscamente, con los guardabarros traseros formando pequeñas aletas a cada lado.

En el interior, el interior era muy simple, casi espartano, con el conductor frente a un tablero de instrumentos convencional, lacado en rojo y volante con aro de madera.

En RM Sotheby´s te cuentan en detalle la historia de esta unidad, entregada en noviembre de 1955 a Giuseppe Gattai, residente en la costa del mar Tirreno. Luego pasó por otros dueños europeos y se restauró hace varios años dándole una pintura mas similar al Demon Rouge, antes de llegar a los Estados Unidos, donde forma parte de la Colección Elkhart… si bien está listo para cambiar de manos en octubre.

Fuente: RM Sotheby´s
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