Si no profundizamos, parece cosa de hoy la idea que los coches que puedan ser conducidos por sí mismos, o que al menos ayuden en gran medida a sus pilotos con tecnologías de asistencia a la conducción; véase la función de frenada de emergencia ante colisión o el cambio involuntario de carril. Pero cada nueva tecnología tiene que comenzar en alguna parte. Y aunque el concepto de coche autónomo ha cambiado en las últimas décadas, el los 70 ya se ejecutaron los primeros pasos.

Aunque quizás todo comenzó en 1939, cuando la exhibición Futurama de General Motors en la Feria Mundial de Nueva York capturó la imaginación del público con su visión del mundo dentro de 20 años. Incorporaba vehículos autónomos y aéreos que operaban en una red de autopistas automatizada en un país donde las carreteras sinuosas estaban obstruidas con máquinas, animales y peatones. Sin embargo, la idea no se llegó a materializarse en sus primeras formas hasta 1971 en Reino Unido.

Ese fue el año en el que el Road Research Laboratory de Reino Unido mostró un coche adaptado con sistemas de conducción autónoma. La idea era fusionar las características y la conveniencia del manejo por carretera con la seguridad de los viajes en tren. En el clip de YouTube incrustado abajo, el narrador explica que puede manejarse a sí mismo a través de “impulsos electrónicos informatizados transmitidos al automóvil a través de una unidad receptora especial fijada en la parte delantera”.

En ese momento, los investigadores predijeron que los vehículos autónomos desplazarían a los conductores para el año 2000. Parece que las predicciones estaban un poco fuera de lugar. De todas formas, hay que destacar que este proyecto aún era muy precario en cuanto a tecnología se refiere. Eso no quita que podamos ver cuáles fueron los primeros pasos para conseguir que la máquina fuese capaz de mantenerse en su carril sin ningún tipo de corrección ejecutada por una persona.

“Básicamente, es un dispositivo muy simple”, dijo HA Prentice, director del proyecto en el Laboratorio de Investigación de Transporte y Carreteras en Berkshire. El corresponsal de la CBC en Reino Unido, Tom Earle, presentó la noticia el 2 de diciembre de 1971: consistía en la voz de Prentice explicando la función del automóvil sobre imágenes de este en acción. Las imágenes mostraban a un hombre en el asiento del conductor de un Ford Cortina sedán rojo, pero no era él quien conducía.

El piloto estaba leyendo una revista y el coche circulaba en una pista cerrada sin otros vehículos presentes. ¿Cómo lo hicieron? “En el camino hay un cable enterrado, y a través de él pasamos una corriente”, explicó Prentice. “La corriente conduce a un campo magnético sobre el cable. En la parte delantera hay dos bobinas, y estas detectan el campo magnético que proviene del cable”. Un primer plano de cámara se encargaba de dar fe de que no había ningún pie que pisara el acelerador.

Las bobinas detectaban la posición del conjunto en relación con el cable y enviaban información a través de la columna de dirección para mantener el vehículo en curso. Para reducir o aumentar la velocidad, un sencillo dispositivo electrónico se encargaba de controlar la frecuencia de giro del motor. “Esto luego verifica el número de revoluciones, y nuevamente se retroalimenta a un pequeño bucle y mantiene esas revoluciones a ese nivel”, mencionó el científico inglés.

Según un artículo de 2001 en el diario The Telegraph que analiza la historia del coche autónomo, el Cortina fue uno de los cuatro elegidos para participar en la pista de prueba a partir de 1960. El resto de los integrantes quedaba formado por un Standard Vanguard, un Austin Mini y un Citroën DS19. Pero el Reino Unido de los 70 no estaba en sus momentos más prolíficos, por lo que el rebautizado Transport Research Laboratory (1972) se centró en aplicaciones de retorno comercial inmediato.

Si bien la idea inicial era implantar este sistema de cables por todas las carretas de Reino Unido y establecer un estándar a nivel mundial, cinco décadas después la idea ha evolucionado hacia un sistema mucho más complejo. No hay que adaptar en la misma escala la infraestructura de las carreteras gracias a los radares y sensores equipados a lo largo de la carrocería de los coches actuales, pero son capaces de analizar todo lo que les rodea de forma similar a lo que lo haría una persona.

Fuente: Xataca, The Telegraph

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