No muchas personas cambian el aceite del coche ellos mismos. Menos aún si son mujeres. Y podríamos apostar que no hay otra mujer en el mundo que cambie el aceite de su coche… con 102 años.

Pues existe. Se llama Margaret Dunning y es de Plymouth, Michigan. Nació en 1910 y todavía se arrastra bajo el capó con un embudo y un recipiente para recoger, cada 5.000 km,  el aceite de su “bebé” como lo llama ella, un Packard 740 Roadster de 1930. También le cambia las bujías ella misma.

Compró el coche en 1949, en mal estado. Después de sus cuidados y un meticuloso proceso de restauración, se convirtió en el primer vehículo en recibir una puntuación de 100 puntos (perfecta) del Club de Automóviles Clásicos de América. Y lo luce en eventos y exposiciones: “Me encantan los cochesviejos. El olor de la gasolina corre pormis venas”, asegura la señora Dunning.

Empezó a conducir con ocho años en la granja de su familia, al oeste de Detroit y tuvo su primer accidente con diez años, cuando golpeó un granero (que se llevó la peor parte, al ser de madera). Desde entonces, Dunning ha experimentado pocos accidentes, todos ellos accidentes mínimos.

Margaret asegura que infracciones comete bastante, ya que le gusta pisarle al coche. Porque todavía conduce su Packard de vez en cuando, ya no tan a menudo como en los últimos años, no tanto por su cambio manual de cuatro velocidades como por la fuerza que debe hacer para girar su enorme volante. Son 90 años con permiso de conducir, ya que se lo sacó con solo 12 años. No es broma. Su padre murió y en casa necesitaban alguien que pudiese conducir. Tenían contactos políticos y le consiguieron una licencia a la entonces pequeña Margaret (nada que ver con los 960 intentos de esta anciana).

A pesar de que posee otros coches de colección, el Packard es su favorito. “Mi familia llevaba Packards, y yo estaba muy orgullosa de ello. Supongo que me adoctrinaron “, dice ella.

Y eso que era fácil que le gustase otra marca, ya que tenía un vecino muy conocido. La familia de Henry Ford vivía a sólo unos kilómetros de distancia. “El abuelo Gleason (así llamaban a John Gleason, un vecino) contrató a Henry Ford cuando era muy joven para dirigir su máquina de vapor. Entiendo Henry Ford adquirió su conocimiento mecánico para motores de combustión interna de su paso con el abuelo Gleason”, dice Dunning.

Y nunca olvidó sus raices: “Incluso después de que se hiciese famoso, le gustaba volver a la guarida de su infancia. Y se detenía en la casa de los Gleason… y de los Dunning.

Una señora interesate, Margaret Dunning, que ha conquistado nuestro corazón como aquella abuela de la Nascar. Además, Margaret es filántropa. Cuando su madre murió en 1957, construyó una biblioteca para la ciudad en su honor. Y ha donado más de un millón de dólares al Museo Histórico de Plymouth. Que se mantenga así de maja muchos años.

Vía: Akron Beacon Journal

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