La start-up Laffite Supercars, con sede en California, Estados Unidos, acaba de presentar su primer y nuevo modelo, el Laffite G-Tec X-Road. Sí, es raro, y aunque parezca directamente sacado del desierto, se puede matricular para su uso en carreta. La compañía destaca que puede “volar como un prototipo del rally Dakar en el desierto o navegar cómodamente por la autopista y las calles de la ciudad”. Pero este concepto viene de más atrás.

En 2015, cuando en el mundo todavía tenía algún tipo de sentido una máquina así, un equipo de los Emiratos Árabes Unidos llamado Zarooq Motors propuso una especie de superdeportivo-todoterreno llamado Sand Racer, ideal para hacer travesuras en las dunas de arena. Un potente vehículo apto para correr en el Dakar, pero con portavasos, asientos de cuero y tracción trasera solamente, para que puedas salir al desierto y quemar combustible como si hubiese un mañana.

Zarooq asomó la cabeza nuevamente en 2017 con la noticia de que el Sand Racer se dirigía a la línea de producción, abandonando el V6 de 304 CV que originalmente tendría a favor de un V8 de origen General Motors con 6.2 litros y 532 CV (LT1). Solo se construirían 35, y algunos ya se habían vendido, presumiblemente. Sin embargo, las apariencias pueden ser engañosas, y Zarooq desapareció de la faz de la Tierra en algún momento de 2018, junto con el Sand Racer.

Es por ello por lo que el director de operaciones de la extinta compañía, Bruno Laffite, ha montado su propia empresa para resucitar el proyecto con un nuevo nombre. El Lafitte G-Tec X-Road se ve idéntico al Sand Racer, hasta incluso en esa extraña línea ascendente y cortante en la parte posterior de las puertas. Sin embargo, a pesar de lo opulento que puede parecer, apenas marca 1.300 kilos sobre la báscula y puede alcanzar los 230 km/h de velocidad máxima.

Naturalmente, el motor ha cambiado nuevamente. Sigue siendo un V8 de origen GM (LS3) con 6.2 litros de cilindrada, pero ahora con 477 CV en su configuración más escueta (hasta 730 CV sobrealimentado). Por lo demás, el Laffite G-Tec X-Road hereda las características del Sand Racer: sigue siendo de propulsión y está diseñado para ser aportar felicidad allá donde vaya. Si la idea de quemar gasolina no te atrae, no temas, Lafitte también tiene un tren motriz eléctrico.

La transmisión puede ser automática secuencial de cinco o seis velocidad, según los requisitos del cliente. Si bien un vehículo de altas prestaciones como este es una tarea difícil para una empresa desconocida como Laffite, la firma de ingeniería G-Tec, propiedad de Philippe Gautheron, ha creado la estructura. Gautheron ha servido en varios roles de ingeniería con una variedad de equipos de carreras, incluido el equipo de Fórmula 2 Campos Racing.

El interior hay lugar tanto para el lujo como para la personalización, pero es una versión bastante desnuda del concepto “lujo”. Los materiales se ven bien, pero también duros y firmes. Para un coche que se vende como un puente de dunas preparado para el maltrato fuera del asfalto a alta velocidad, uno podría esperar que los asientos fuesen un poco más deportivos y con la forma adecuada para mantenerte bien sujeto. Aun así, la suspensión parece estar a la altura del trabajo, con 43 centímetros de recorrido en ambos extremos.

El montaje final de las 30 unidades disponibles se realizará en Los Ángeles. Dado que es capaz de cumplir con las regulaciones de vehículos en California, seguramente podrá cumplir con las regulaciones de otros mercados. Los clientes obtendrán sus monturas a finales de 2020 después de desembolsado, como mínimo, 465.000 dólares (alrededor de 420.000 euros). De querer la versión eléctrica, la tarifa asciende hasta los 545.000 dólares (alrededor de 490.000 euros).

Fuente: Laffite Supercars
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