Llegan buenas noticias desde los EE.UU. Las mediciones en segunda ciudad más grande del país muestran que los niveles de algunos contaminantes del aire relacionados con los vehículos han disminuido en un 98% desde 1960, a pesar de que los residentes en la actualidad hay tres veces más vehículos impulsados con gasolina y gasoil.

El gráfico a la derecha muestra cómo, a pesar del aumento del consumo de gasolina, los niveles de contaminación no han dejado de descender.

Lo más destacable es que, solo entre 2002 y 2010, la concentración de los contaminantes atmosféricos llamados compuestos orgánicos volátiles (COV) se redujo a la mitad, según un estudio realizado por la Asociación Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), publicado en el Journal of Geophysical Research.

La caída de los contaminantes acredita la eficiencia del combustible de los automóviles modernos. El requisito de que los vehículos vayan equipados con catalizadores y el uso de combustibles reformulados, menos propensos a evaporarse son claves. El fuerte descenso de VOCs es una buenísima noticia para la ciudad, ya que altos niveles dañan los sistemas respiratorios de las personas, las plantas y aumentan la mortalidad (de ahí que el diésel haya sido incluido como agente cancerígeno).

Pero, lamentablemente, la disminución de contaminantes de vehículos en los últimos 50 años no significa que los niveles de ozono hayan caído en la misma proporción. Los niveles en Los Angeles siguen sin cumplir los estándares que establece la Agencia de Protección Ambiental americana

Los  investigadores del estudio esperaban ver algún tipo de disminución, como resultado de los esfuerzos de California para controlar la contaminación del aire, pero la caída en los niveles de VOC les ha sorprendido: “Incluso en el día más contaminado en 2010, había la mitad de los compuestos orgánicos volátiles que habíamos visto medido ocho años antes”, dice Carsten Warneke, científico del NOA. “La diferencia fue asombrosa”.

La mejora en la calidad del aire en Los Ángeles no sorprende a muchos residentes de toda la vida, dijo Warneke. “La gente que vivía en la ciudad en la década de 1960 muchas veces no podía ver las montañas cercanas por culpa del humo y la niebla… Hoy, a menudo se puede”.

Fuente: NOAA
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