Las muertes en la carretera siguen siendo una de las mayores lacras del mundo occidental. No en vano, los accidentes de tráfico son una de las principales causas de mortalidad en jóvenes de 18 a 35 años. Por eso, y a pesar de la mejora en los datos de este pasado año, la seguridad en los automóviles es uno de los ámbitos en los que más se está innovando. Todo es revisable y mejorable: carrocerías, ruedas, suspensiones, airbags, todo.

Las últimas noticias nos hablan de nuevos y espectaculares avances relacionados con la iluminación de los vehículos, tanto en el interior como en el exterior. Aprovechando los resultados de tecnologías de otros sectores como el militar, la neurorrobótica o la óptica.  Es necesario estar despierto para ver dónde puede estar elemento que pueda ayudar a reducir los cientos de miles de accidentes anuales.

Los faros con tecnología LED llevan ya un tiempo en el mercado. Por supuesto su eficiencia energética, actualmente cuatro veces mayor que la de un halógeno, y para 2018 se espera que sea ocho veces superior, es uno de sus principales reclamos. Pero su velocidad de encendido, diez veces más rápida que la de una bombilla convencional, y su vida útil, mayor incluso que la del propio vehículo, resultan aportaciones destacadas a la iluminación y la seguridad.

La compañía Bosch está desarrollando un sistema que utiliza focos infrarrojos que rastrean la vida. Con la ayuda de una cámara, situada tras el parabrisas, es capaz de detectar objetos y peatones imperceptibles para el ser humano. La imagen se mostrará en una pantalla sobre el cuadro de mando. Un desarrollo espectacular para mejorar la seguridad en la conducción nocturna.

No todos los avances se encuentran en el exterior, dentro también hay evoluciones. La luz azul en los interiores llevan ya un tiempo presentes en los interiores de los coches. Según diversos estudios, esta luz, de una frecuencia de 464 nanometros, provoca que el cerebro reduzca la secreción de la hormona del sueño, la melatonina, al no identificar la iluminación como nocturna. Está comprobado que la reducción de la iluminación exterior provoca una disminución de nuestra atención, al prepararse el cerebro para dormir. Además, nuestra visión también se ve mermada, por eso también se trabaja en sistemas de luces interiores que no deslumbren y ayuden a reducir ese efecto.

Esperemos que la reducción de los siniestros al volante confirmen que se trabaja en la línea adecuada.

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